Mostrando entradas con la etiqueta extraterrestres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta extraterrestres. Mostrar todas las entradas

La Luna es una Nave? (convincente teoría científica)


Según estos científicos rusos; Mijail Vasin y Alexander Sherbakov, la Luna es un satélite artificial colocado en órbita por seres inteligentes hace miles de años. El tratar de determinar exactamente cuándo se llevó a cabo esta grandiosa obra, quiénes fueron sus autores y cuál fue su finalidad está más allá de la teoría de estos científicos, lo que sí nos dicen, y es de lógica, es que tuvo que ser una civilización muy desarrollada, más desarrollada que la nuestra. Si se va a lanzar un satélite artificial es recomendable hacerlo hueco. Al mismo tiempo sería ingenuo imaginar que alguien capaz de un proyecto espacial de esta categoría lo iba a dejar vacío por dentro. Parece más probable –como afirman Vasin y Sherbakov– que tengamos aquí una nave espacial muy antigua, cuyo interior contenía combustible para las máquinas, materiales y accesorios para los trabajos de reparaciones, instrumentos de navegación, equipos de observación y todo tipo de maquinaria...

En otras palabras, todo lo necesario para que esta "carabela del universo" sirviera como una especie de Arca de Noé de la inteligencia, quizá incluso como el hogar de una civilización que se enfrentaba a una existencia prolongada (miles de millones de años) y a largos recorridos por el espacio (miles de millones de kilómetros). Como el diámetro de la Luna es de unos 3.250 kilómetros, si la miramos desde nuestro punto de vista aparece como una esfera con las paredes muy finas. Y, comprensiblemente, no está vacía. Puede tener todo tipo de materiales y equipos en su interior. Pero la proporción mayor de masa lunar está concentrada en la parte central de la esfera, en su corazón, que tiene un diámetro de unos 3.100 Km. Así pues, entre el fruto y la cáscara de esta nuez hay una distancia de unos cien kilómetros.

Este espacio estaba sin duda lleno de gases necesarios para la respiración y para otros fines tecnológicos. Hasta aquí una breve introducción de esta hipótesis que trata de explicar los misterios lunares. Pasemos ahora a analizar las bases en la que se sustentan las afirmaciones hechas por Vasin y Sherbakov.


El tamaño de la Luna es desproporcionado para un planeta del tamaño de la Tierra.

Si nos fijamos en los demás satélites que conocemos, son mucho más pequeños que el planeta alrededor del cual giran: eran planetoides un día atrapados por la gravedad del mismo, o producto del material expulsado por dicho planeta en algún choque con un asteroide. Por el tamaño, nuestra Luna nunca podría haber sido atrapada por la gravedad de la Tierra: es demasiado grande. Debido a eso, la hipótesis comúnmente más aceptada es que la Luna es producto de un hipotético choque entre un planeta, aproximadamente del tamaño de Marte, y la Tierra. El material expulsado de tan violento cataclismo quedó flotando durante millones de años alrededor de la Tierra en forma de anillo (como en Saturno) y, posteriormente, dicho material terminaría agrupándose en lo que hoy constituye nuestro satélite ¿?



Siempre vemos la misma cara de la Luna: hay otra que permanece siempre oculta a la Tierra.La perfecta sincronía en la Luna entre sus movimientos de rotación y traslación alrededor de la Tierra, de manera que siempre veamos la misma cara, no tiene parangón en ninguna parte del universo conocido. La imaginación se escapa y sueña con una Luna artificial que oculta alguna clase de equipos de observación dirigidos hacia nuestro planeta y situados en su cara visible ¿Nos observaban?

 
El Sol y la Luna, aunque son astros de un tamaño completamente diferente y se encuentran situados a una distancia de la Tierra completamente dispar, sorprendentemente se ven del mismo tamaño desde la Tierra.Por esa razón, la mayor parte de las veces en que hay un eclipse de Sol, la Luna tapa milimétricamente el disco solar, aunque también se producen de vez en cuando eclipses de tipo anular, por las periódicas variaciones de distancia entre los tres astros. Algunos matemáticos y físicos han hecho cálculos de probabilidades en relación con este tema y han llegado a la conclusión de que la probabilidad de que astros con diámetros tan diferentes y situados a tan distintas distancias de nuestro planeta se vean con el mismo tamaño desde aquí son casi infinitesimales por no decir nulas.
La convincente hipótesis de la "luna hueca".Dos han sido las razones que han conducido a algunas personas a hablar de la posibilidad de que nuestro satélite esté hueco: Por un lado, cuando en la desatrosa misión Apolo XIII, los astronautas tuvieron que desprenderse de partes del cohete-módulo que orbitaba alrededor de la Luna, para poder regresar a la Tierra, éstas cayeron sobre nuestro satélite y las vibraciones causadas por el impacto captadas por distintos sistemas de medición se asemejaban a las vibraciones de una campana.

Por otra parte, la Luna presenta diversidad de densidades en sus diferentes zonas. Es decir, hay más atracción gravitatoria en unas partes de la Luna que en otras, como si tuviera algunas zonas más huecas que otras. Este hecho generó una serie de problemas en el inicio de la exploración de nuestro satélite, pues dificultaba el alunizaje en el mismo o la posibilidad de dejar satélites orbitando alrededor de ella, pues los equipos necesitaban realizar un continuo recálculo de las condiciones gravitatorias, para no acabar estrellándose sobre la misma o saliéndose fuera de la órbita.
Si la Tierra es de mayor o igual edad que la Luna porque ésta posee mas cráteres?
Como sabemos, la mayoría de los proyectiles que entran en la atmósfera terrestre son destruidos por ella; no ocurre así en la Luna. Esto no explica la abundancia de cráteres de la Luna con respecto a la Tierra. Si consideramos que la Luna ha viajado a través del cosmos atravesando muchos sistemas, cinturones de asteroides, etc, habrá estado sujeta a choques más frecuentes aún que los de nuestra Tierra. Ya se trate de cráteres causados por impactos de meteoros, ya por acción volcánica, lo que asombra a los científicos es su uniforme falta de profundidad. La teoría soviética opta por los impactos como causa y explica los hechos así: "Cuando el meteorito choca contra la cubierta exterior de la Luna, ésta actúa como una capa amortiguadora de los golpes y el cuerpo extraño tropieza con una impenetrable barrera esférica. De este modo, sólo queda ligeramente “abollada” la capa de 30 kilómetros de planchas blindadas y la explosión se limita a lanzar trozos de la cubierta por el espacio, que recordemos, tendría unos 4,5 Km y que es la profundidad media de los cráteres”.

Puede que Vasin y Sherbakov no acierten al ciento por ciento con su teoría, pero también pudiera ser que se hayan acercado bastante a la verdad. Sin duda, las evidencias aportadas por uno y otro lado acercan más que alejan a esta teoría de su posible veracidad.



Universo diseñado (por quién?)

La física actual postula la posibilidad de que vivamos en un universo de diseñador, no dios, sino una civilización un poco más avanzada que la nuestra capaz de crear agujeros negros y manipular las leyes físicas... diseñar un nuevo universo podría ser al final la única forma que tiene la evolución de seguir.

Tal vez no sea necesario ser dios para diseñar un universo, con un poco de evolución y tecnología es posible crear, al menos conforme a las bases de la física actual, un universo, el cual podría estar precisamente diseñado para alojar vida inteligente. Es más, es probable que estemos ya viviendo en un un universo diseñado y que el sentido profundo de nuestra evolución sea llegar a crear un nuevo universo, para que la vida inteligente pueda seguir existiendo.
El profesor de astronomía de la Universiada de Sussex, John Gribbin, argumenta que los creadores eran más parecidos a los hombres que a dios, en el sentido de que una civilización no mucho más avanzada que la nuestra podría empezar a jugar con la idea de diseñar universos.
La cuestión involucra la aceleración de partículas, algo similar al Gran Colisionador de Hadrones, el cual algunas personas un poco fanáticas creían podia destruir el universo, según Gribbin, esto no es posible con esta máquina de Pandora, pero si crear un pequeño agujero negro artificial, demasiado pequeño para engullir un átomo.
Crear un nuevo universo solo requeriría una máquina un poco más sofisticada y poderosa que el Gran Colisionador de Hadrones. Esto es posible ya que, como hemos reportado aquí, los agujeros negros podrían ser portales a otras regiones de tiempoespacio. Y, segundo, ya que la gravedad curiosamente tiene energía negativa, no se necesita nada de energía para crear un universo. Aunque existe una cantidad colosal, casi infinita de energía en cada partícula de materia, esto se balancea con la negatividad de la gravedad. Es decir, en potencia cada cosa acoge un universo.
Los agujeros negros son relativamente fáciles de hacer. Para cada objeto hay un punto crítico, conocido como el radio de Schwarzschild, en el que su masa se convierte en un agujero negro. El radio de Schwarzschild del Sol es de dos millas o 1/200,000 de su tamaño actual. Para que la Tierra se convierta en un agujero negro se tendría que comprimir más que una bola de ping pong.
El agujero negro que podría ser creado con un acelerador de partículas sería muhco más pequeño. Pero debido a la energía negativa de la gravedad, no importa que tan chico es un agujero negro, de todas formas tienen la posibilidad de inflarse y expandir en sus propias dimensiones sin devorar las nuestras. Esta expansion fue justamente la que hizo nuestro universo en el Big Bang, explotando de un punto infnitesimal de materia a un cosmos en todo su esplendor.
El físico de MIT, Alan Guth, fue quien ideó la hipótesis del universo inflacionario que ho yes aceptada por la mayoría de los físicos (aunque recientemete se esbozó la teoría de un universo sin Big Bang). Guth conlcuyó que en prinicipio la creación de un universo en el laboratorio es posible bajo estas leyes físicas.
Gribbin plantea la pregunta de que esto no sólo es posible sino probablemente ya haya ocurrido y vivamos en el universo de un diseñador.

Para llegar a donde estamos no es necesaria la inclusión de un a figura divina, la evolución natural es suficiente, sin embargo, nuestro universo admite la posibilidad de un diseñador de universos inteligentes. La física moderna sugiere que nuestro universo podría ser parte de un supersistema multiverso, donde diferentes regiones de tiempoespacio pueden tener diferentes propiedades físicas (la gravedad, el elegante pegamento cósmico, podría ser más fuerte o más débil en ciertos universos). Si nuestro universo es la obra de una civilización tecnológicamente avanzada en otra parte del multiverso, el diseñador podría ser responsable del Big Bang pero nadas más (un diseñador que no puede intervenir en su creación, como el Dios de la literaturea que se lima las uñas mientras el caos y el cosmos se debaten, detrás de la pantalla de un agujero negro).
TRES NIVELES DE DISEÑO CÓSMICO
Si los diseñadores hacen universos manufacturando agujeros negros existen trse formas en las que podrían operar según su avance tecnológico.
La primera es recrear un agujero negro sin influenciar las leyes del nuevo universo. Un nivel al que se acerca la humanidad, como sucede en la novela Cosm de Gregory Benford, en la que una investigadora se encuentra con un universo nuevo del tamaño de una bola de béisbol después de que explotará un acelerador de partículas. El encuentro con el otro absoluto e insondable, un Aleph que nos puede mirar.
El segundo nivel sería el de una civilización manipulando las propiedades de un universo bebé en cierta dirección, podría ser posible alterar un agujero negro de tal forma que la gravedad fuera más fuerte que en el universo madre, sin que los diseñadores tuvieran un control preciso.
El tercer nivel de esta escuela de diseño cósmico, involucraría la habilidad de establecer parámetros precisos, de esta forma diseñar en detalle (como los fractales que vemos o la información holográficamente contenida en cada parte, una fina firma de un co-demiurgo esteta). Gribbin cree que nuestro universo sería el resultado de un diseño así. Una analogía sería los bebés de diseño en los que se puede manipular el ADN para obtener un ‘niño perfecto’, una civilización avanzada podría maniuplar las leyes de la física para obtener un universo perfecto (un universo perfecto sería aquel en el que las condiciones estuvieran dadas para que se creara inteligencia capaz de crear otro universo).
Crucialmente, no sería posible que los diseñadores interfieran con el universo nuevo una vez formado, de su concepción o Big Bang, cada universo sería su propio universo. (Al menos de que se hayan diseñado universos cuyas leyes físicas de alguna forma desconocida permitan viajar a través de agujeros negros como partículas de luz consciente o algún tipo de tecnología interversa).
Para que una civilización diseñe un universo lo único necesario es que la evolución ocurra naturalmente en el multiverso, hasta que, al menos en un universo, la inteligencia llegue a nuestro nivel. Desde esta perspectiva de semilla los diseñadores crean los suficientes universo con las condiciones evolutivas para que los universos como los nuestros se generen y de esta forma los universos “inteligentes” se proliferen al punto de que los universos “sin inteligencia” sean una minoría en ese palacio de puertas cerradas con llave que sería el multiverso. En este sentido de propagación evolutiva de la inteligencia universal, sería mucho más probable que los universos fueran de diseño que “naturales”, sin diseñador.
Esta idea, nos dice Gribbin provee la mejor solución a la pregunta de Einstein, de que “lo más incomprensible del universo es que sea comprensible” para la mente humana, el universo humano sería comprensible porque podría haber sido diseñado por seres inteligentes, hasta cierto punto similares a nosotros, que embebieron a distancia su conciencia seminal. En un sentido amplio el otro nosotros estaría detrá de este universo.
El astrónomo Fred Holyle rechazaba la teoría del Big Bang como una explosion que azarosamente produjo sistemas solares, ecuaciones fractales, y acalló en la conciencia humana pese a que las probabilidades matemáticas para que se diera la física que permite la evolución de la vida son infinitesimales. Esto es en parte el prinicipio antrópico en el que las leyes de la física paracen casi conspirar por su incredible precisión para permitir la vida orgánica inteligente. Gribbin cree que Hoyle estaba en lo cierto y que el universo ha sido creado, no en la imagen de dios, sino en al imagen de sus diseñadores.

Más allá de que esta ecuación de diseñadores aún admite la existencia de Dios, como motor primero, similar a la filosofía de Aristóteles, donde una fuerza primordial echa andar todas las demás, la teoría encaja con una vision de transevolución y sobrevivencia de la vida y la inteligencia. Después de todo, nuestro universo podría ser finito, las estrellas y los planetas que nos dan energía para vivir por temporadas astronómicas desaparecerán, ya sea por la expansión que desintegrará las molécula o por una gran implosión. En algún momento una civilización altamente evolucionada se enfrentaría con la amenaza de desaparecer y la única forma de seguir existiendo, de una forma anti-egoísta, con la vida misma manifestando su inercia, sería crear otro universo acondicionado para que la vida inteligente pueda surgir: una especie de paternidad teleológica.
En este sentido el diseño de este tipo de diseñadores cósmicos seguramente llevaría su sello, su firma de perpetuidad, la cual seguramente sería cifrar en su universo el desenvolvimiento de los factores físicos que permiten en la nueva vida la conciencia de su diseñador y de diseñar. Los diseñadores harían universos para que los universos se sigan haciendo infinitamente (además del obvio place holoorgásmico de crear un universo). Nosotros estaríamos aquí para obtener la tecnología evolutiva necesaria para diseñar un nuevo universo. Esta sería una escuela, en este momento ya, de diseñar universos. Una profunda intuición que se revela en el corazón de la materia y del instinto (infinito) de ser creando:
“Una pequeña partícula de la Piedra Filosofal, si se vierte sobre la superficie del agua, según un apéndice sobre la sal universal de Herr von Welling, inmediatamete empezará un proceso de recapitulación en miniatura de la historia del universo, ya que instantáneamente la tintura -como los Espíritus de los Elohim- se agita sobre el cuerpo del agua. Un universo miniatura se forma el cual, según afirman los filósofos, en verdad surge del agua y flota en el aire, en el que pasa por todos los niveles de desarrollo cósmico y finalmente se desintegra”, Manly P. Hall, The Secret Teachings of All Ages.

Es el universo una especie de máquina para producir dioses?

Es posible que la evolución de la vida por eones a escala cósmica lleve al punto de que una civilización o un individuo tenga la conciencia suficiente para crear un nuevo universo o fundirse con la unidad, es más, es posible que ese sea justamente el propósito del universo, la forma de autoperpetuarse

El filósofo francés Henri Bergson quería conciliar la teoría de la evolución de Darwin con la teología cuando dijo: “La humanidad no se percata lo suficiente de que su futuro está en sus manos. Primero está la tarea de determinar si quiere seguir viviendo o no. Es suya la responsabilidad, entonces, de decidir si sólo quiere vivir, o intentar hacer el esfuerzo extra requerido para cumplir,  incluso en este planeta refractario, la función esencial del universo, que es una máquina para crear dioses”. (Las dos fuentes de la moral y de la religión). Aquí tenemos lo que podemos llamar una teoría de la evolución cósmica esbozada brevemente, pero que probablemente nunca haya sido tan vigente como en la actualidad, a la luz de la física cuántica y la cosmología moderna.
Si bien el problema de definir un dios creador único, fuente de todo lo que existe, es un problema metafísico complejo que, salvo alguna argucia, nos remite a un loop de referencias ad infinitum y también al plano de lo inefable, donde habita lo místico, justamente aquello de lo que no se puede hablar, puesto que nuestro lenguaje -al igual que nuestro entendimiento- es insuficiente para abarcar o meramente describir este Ser que es en cada cosa el ser -trascendente e inmanente, el nombre que no se puede nombrar, el camino que no se puede recorrer y sin embargo el eterno nombre y el eterno camino… una dimensión paradójica-… sí podemos hablar con mayor solvencia de los dioses. Recordemos que una traducción fidedigna de la Biblia, traduciría Elohim como dioses, en plural, y no como el Dios único, masculino, vengativo y básicamente temible del viejo testamento. En cierta forma estaríamos hablando de demiurgos, de creadores de mundos, posiblemente de diseñadores de universos.
Tomando la idea del físico Alan Guth, a quien debemos la teoría del universo inflacionario, de que en teoría es posible cultivar un universo en el laboratorio, el físico de la Universidad de Sussex, John Gribbin, cree que esto no sólo es posible sino es consecuencia lógica de la evolución de la vida en un universo tan grande como el nuestro donde existen miles de millones de planetas, en los cuales la vida pudo haberse gestado y evolucionado por eones.
Gribbin, a diferencia de Bergson, no quiere conciliar la teología con la ciencia, y por esto concibe creadores de universos desdiosados, en algunos casos sólo civilizaciones avanzadas jugando un poco con el huevo del caosmos. Existen, según Gribbin, tres formas de crear un universo, todas ellas ligadas a la posibilidad constantemente esbozada por la ciencia moderna de que los agujeros negros contienen en su hermético interior un universo paralelo, formando una red de universos o multiverso.
La primera es recrear un agujero negro sin influenciar las leyes del nuevo universo. Un nivel al que se acerca la humanidad, como prefigura la novela Cosm de Gregory Benford, en la que una investigadora se encuentra con un universo nuevo del tamaño de una bola de béisbol después de que explotara un acelerador de partículas.
El segundo nivel sería el de una civilización manipulando las propiedades de un universo joven en cierta dirección; podría ser posible alterar un agujero negro de tal forma que la gravedad fuera más fuerte que en el universo madre, sin que los diseñadores tuvieran un control preciso.
El tercer nivel de esta escuela de diseño cósmico, involucraría la habilidad de establecer parámetros precisos, de esta forma diseñar a detalle (como los fractales que vemos o la información holográficamente contenida en cada parte, una fina firma de un co-demiurgo esteta). Gribbin cree que nuestro universo sería el resultado de un diseño así. Una analogía sería los bebés de diseño en los que se puede manipular el ADN para obtener un ‘niño perfecto’, una civilización avanzada podría manipular las leyes de la física para obtener un universo perfecto (un universo perfecto sería aquel en el que las condiciones estuvieran dadas para que se creara inteligencia capaz de crear otro universo y así sucesivamente asegurando la perpetuidad de aquello que genera universos).
Por extravasada que esta teoría pueda sonar, el legendario físico Roger Penrose ha calculado que para explicar el bajo nivel de entropía que tienen el cosmos es necesario que nuestro universo sea parte de una cadena infinita de universos. Sobresalientemente se han encontrado círculos concéntricos en la radiación de fondo de microondas que podrían ser ventanas hacia un universo previo, fluctuaciones esféricas dejadas atrás por los efectos gravitacionales del choque de agujeros negros en un universo anterior (¿flashbacks en la mente de Brahma?).
Stephen Feeney y sus colegas del University College de Londres, investigando la radiación de microondas de fondo, el eco del Big Bang, encontraron “cicatrices cósmicas” que llevan a pensar que nuestro universo ha interactuado con otros (por lo menos cuatro) universos anterioremente. El modelo con el que hicieron sus calculos estos físicos, es el llamado de inflación eterna. En este modelo el universo es una burbuja en un cosmos aún más grande que contiene otras burbujas, cada una de las cuales tiene leyes físicas particulares. La inflación eterna predice que las burbujas probablemente hayan tenido un pasado violento, chocando entre sí, lo cual dejaría cicatrices cósmicas en los puntos de interacción. Estas ‘cicatrices’ deberían de ser visible en la radiación de fondo. Feeney ha encontrado cuatro círculos consistentes con ser colisiones de burbujas dentro del multiverso propuesto por la teoría.
Una buena pregunta en este momento sería -aceptando la posibilidad de que nuevos universos se pueden crear a partir de un universo anterior- es si ¿esta cosmogénesis es solamente un acto reflejo, un proceso mecánico de la programación del universo, o una manifestación de la evolución de la inteligencia dentro de un universo que, como medio de supervivencia, se perepetúa creando un nuevo universo?
Consideremos la posibilidad de que la evolución puede llegar a tal punto de generar seres inteligentes capaces de crear un universo, en la práctica, dioses. Actualmente la idea de la divinidad en nuestro planeta está entretejida con la idea de las inteligencias extraterrestres. Una de los más elementales custionamientos que se hace a la existencia de civilizaciones extraterrestres -como a la existencia de la divinidad- es ¿por qué no se han comunicado con nosotros o manifestado de alguna forma conspicua? No es difícil de desestimar esta pregunta como antropomórficamente aberrante. Más allá de que algunas personas sostengan haber tenido la teofanía o el avistamiento de la otredad cósmica -divina o extraterrestre-, habría que considerar la posibilidad de que seres más evolucionados que nosotros podrían ser completamente impercebtibles, ya sea por nuestra falta de tecnología, como por nuestra falta de agudeza evolutiva. De la misma manera que el místico necesita desarrollar el ojo interior para poder presencia la divinidad, es posible que sea necesario desarrollar ese ojo cósmico -tecnología más allá de la física actual, en cierto sentido meta-física- para percibir las frecuencias o las conciencias extraterrestres. Pero Kubrick lo dice mejor, explicando su obra maestra de ciencia ficción:
“El concepto de Dios está en el centro de la película. Es inescapable que estuviera, una vez que crees que el universo está lleno de formas de inteligencia avanzada. Sólo piensa en esto un momento. Hay 10 billones de estrellas en la galaxia y 10 billones de galaxias en el universo visible. Cada estrella es un sol, como el nuestro, probablemente con planetas alrededor. La evolución de la vida, se cree ampliamente, viene como consecuencia inevitable del tiempo en un planeta en una órbita no demasiado fría ni demasiado caliente. Primero viene la evolución química -la recombinación aleatoria de la materia primordial-,  luego la evolución biológica.
“Piensa en un tipo de vida que haya evolucionado en uno de esos planetas por cientos de miles de años, y piensa, también, que tipo de avances tecnológicos relativamente grandes ha hecho el hombre en 6 mil años de civilización registrada -un periodo que es menos que un solo grano de arena en un reloj cósmico de arena. Al tiempo que los ancestros distantes del hombre empezaron a salir del mar primordial, ya deben de haber existido civilizaciones en el universo envíando sus astronaves a explorar las regiones más lejanas del cosmos y conquistando los secretos de la naturaleza. Tales inteligencias cósmicas, creciendo en conocimiento por eones, estarían tan distantes del hombre como nosotros estamos de las hormigas. Podrían estar en comunicación telepática instantánea a lo largo del universo, podrían haber logrado la maestría total sobre la materia y de esta forma se podrían transportar instantáneamente a través de billones de años luz de espacio; en su última fase podrían abandonar la forma física y existir como una consciencia incorpórea inmortal en todo el universo.
“Una vez que empiezas a dicutir las posibilidades, te das cuenta que las implicaciones religiosas son inevitables, porque todos los atributos esenciales de tales inteligencias extraterrestres son atributos que le damos a Dios. Con lo que en realidad estamos tratando aquí es con la definción científica de Dios. Y si estos seres de inteligencia pura alguna vez intervinieron con los asuntos del hombre, sus poderes estarían tan lejanos a nuestro entendimiento. ¿Como verá una hormiga el pie que  aplasta su hormiguero–cómo la acción de un ser en una escala evolutiva superior? ¿O cómo la divina y terrible intercesión de Dios?”.
O alterando alevosamente la famosa frase del autor del libro 2001: Odisea al Espacio, Arthur C. Clarke: “Una civilización extraterrestre suficientemente avanzada sería indistinguible de Dios”. Estos dioses extraterretres podrían estar ocultos en esta misma habitación, tejidos en la madeja de la matriz de realidad, doblados en las supercuerdas del éter, ser el espacio mismo en el que  nos movemos, la conciencia del mar, el azul imperial del cielo. Complementa Christopher Knowles:
“En la medida en que muchos de nosotros evolucionamos a una vida virtual, experimentaremos cosas que aquellos afuera nunca entenderán. Y si podemos concebir de un ambiente virtual inmersivo (aunque no podamos crear uno del todo), no es difícil imaginar una raza con miles de años de ventaja (ni siquiera un parpadeo en noche cósmica del tiempo) que pueda transmitir estos ambientes a través de individuos aletaorios a través de medios interestelares”.
El camuflaje de una deidad poderosa, no sería un traje, no sería una máscara, la deidad sería tanto el camaleón, como la hoja en la que se oculta, como los colores con los que se transmuta, en palabras de Phillip K. Dick: “El verdadero dios mimetiza al universo, esa misma región que ha invadido”. (VALIS).  Habla en Dick, el Logos gnóstico que ve en los planetas y en los astros entidades conscientes cuyo cuerpo y mente son indiferenciables de todo el espacio celeste que ocupan. De tal forma Sophia (o Gaia) es la Tierra entera y cada una de sus partes.
Regresando a Bergson, si el universo es una máquina cuya función esencial es crear dioses -que a la vez crean universos, salvaguardando el espíritu inicial que serpenteó sobre las aguas primordiales-, ¿poderemos ser nosotros esos dioses?  Sería algo sobrebio -considerando el estado actual de las cosas- decir que los seres humanos nos despojaremos de nuestros trajes animales para deificarnos, cumpliendo nuestro destino creativo, aleando la chispa divina del ave con la serpiente, la poiesis superlativa de nuestra imaginación, diseñando planetas, sistemas estelares, galaxias y hasta un universo… descargando nuestra conciencia al espacio sideral y encendiendo la luz de las estrellas con nuestro espíritu. Y, sin embargo, esto, al menos, es una posibilidad.
La posibilidad de que el universo mismo nos este empujando, como puntas de lanza, dentro de ese canto a la diversidad que es la biología (cósmica), para crear nuevos universos, nuevos reflejos de una misma fuente de luz de cristal, variaciones sobre el mismo tema de la eternidad (como la música de Steve Reich sonando en el espacio infinito de Pascal, como los fractales de la noche universal en las solapas de un frac). Semillas cuya flor eclosiona en una galaxia y cuya raíz penetra un agujero negro.
La posibilidad de que la conciencia misma, el código fuente que se autorreplica como un virus, necesite un vehículo para despertar, recordar y materializar su proyecto de creación. Y que nosotros seamos ese vehículo, esa extensión de la máquina del universo a través de la cual dios se reproduce.
Una posibilidad ya que si dios creó el universo a partir de sí mismo -a imagen y semejanza, con polvo holográfico- ¿y con qué otra cosa lo pudo haber creado? Si sólo una cosa podría haber existido en el origen, él mismo. Si dios se infundió a sí mismo en su creación, entonces es probable que querría ver que al menos algunos de sus vástagos, de sus copias más logradas, de sus máquinas oníricas, crecieran y fueran como él. De la misma forma que un padre busca que su hijo domine su oficio y de la misma forma que un padre o una madre quiere que sus hijos tengan hijos para así perpetuarse, tal vez dios quiera -secretamente fomentando nuestra rebelión- que creemos nuevos universos y nos convirtamos en dioses.

“Una pequeña partícula de la Piedra Filosofal, si se vierte sobre la superficie del agua, según un apéndice sobre la sal universal de Herr von Welling, inmediatamete empezará un proceso de recapitulación en miniatura de la historia del universo, ya que instantáneamente la tintura -como los Espíritus de los Elohim- se agita sobre el cuerpo del agua. Un universo miniatura se forma el cual, según afirman los filósofos, en verdad surge del agua y flota en el aire, en el que pasa por todos los niveles de desarrollo cósmico y finalmente se desintegra”, Manly P. Hall, The Secret Teachings of All Ages.