Mostrando entradas con la etiqueta iglesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta iglesia. Mostrar todas las entradas

Súcubos e Incubos (material de lectura y videos)

SÚCUBO (del latín succubus, de succubare -“yacer debajo”-). Es un demonio con forma femenina que ataca a los hombres durante la noche para robarles su semen (energía sexual). El súcubo adopta una forma atractiva, pues sabe que los hombres se excitan por la vista y caen más fácilmente a los pies de una figura sexy. Según la zona geográfica, la leyenda varía un poco y, aunque siempre se trata de mujeres-demonio bastante atractivas, cambian algunas de sus características y su forma de hacer su maléfica labor: Aglunas mitologías hablan de demonios masculinos que toman la forma de mujeres muertas para engañar al hombre y penetrarlo analmente; Otras, de bellas jóvenes que viajan montadas en burro y poseen vaginas dentadas con las que castran al hombre que las penetre; Otras, de mujeres aladas que, cual mantis religiosas, se comen al hombre vivo durante el acto sexual… También hay cuadros que pintan a los súcubos como seres híbridos, mujeres humanas mezcladas con bestias, que lucen cornamentas, colmillos, cascos de caballo, alas de Cthulhu y otros complementos de pesadilla que acentúan su rara belleza.
Su manera de obrar es similar al del íncubo (demonio masculino equivalente al súcubo femenino), aunque cuenta con la ventaja de que el hombre tiene menos barreras, piensa más con el pene y es más fácil de seducir, por lo que, casi siempre, no hace falta precalentarlo y se le ataca directamente bajo una forma atractiva, llena de curvas y tibios líquidos. Tras una noche de muchas erecciones y eyaculaciones, mezcladas con punzadas de miedo y vértigo, vendrá la bajamar: Una mañana de debilidad, cansancio y recuerdos borrosos y morbosos pero inquietantes. Como dice el profesor Manuel Carballa en su aterrador libro El síndrome del Maligno, “a no ser por los restos de semen o sangre encontrados entre las sábanas, la víctima sólo recordará la experiencia como un sueño”. Esto al principio, luego la cosa se convertirá en obsesión y, muchas veces, aún consciente de estar bajo el influjo de un súcubo, el hombre no podrá evitar derramar su energía seminal cada noche, dejando trabajo, mujeres, hijos y amantes para entregarse en cuerpo y alma a su demonio nocturno... hasta que este se lo lleve.

Los súcubos atacan a todo tipo de hombres, aunque tienen preferencia por los más espirituales, sobre todo artistas y religiosos. No hay más que echar un vistazo a la clásica novela gótica El monje, escrita por Matthew Gregory Lewis en 1796, en la que un sacerdote acaba en el infierno por culpa de un demonio camuflado bajo la forma de una bella mujer.
A lo largo de la historia de magia y de diversas leyendas han surgido varios nombres de súcubos como Ábrahel, Lilith, Rusalka, Florina Vasordiel o Iutzi.


Abrahel es una demonio femenina, cuyas características están asociadas con aquellos espíritus nocturnos denominados súcubos. Su nombre comenzó a adquirir cierta popularidad cuando el demonólogo Nicolás Remy la descubrio en su Demonolatria (1581). Siempre toma la forma de una mujer alta y de delicadas formas, pero no puede ocultar completamente su naturaleza demoníaca.

Por lo que he podido leer, en algunos libros aparece que Abrahel conquistó a un pastor llamado Pierrot en 1581 en una aldea a orillas del Mosela. Abrahel se entregó al pastor a cambio de la vida del hijo de éste, al que mató con una manzana envenenada. Al darse cuenta Pierrot de su complicidad en el tema se desesperó. Abrahel se le apareció de nuevo prometiendo la resurrección del muerto si era adorada como Dios. Así lo hizo Pierrot y adoró a Abrahel con lo que su hijo volvió pero con una semblanza lúgubre. Al año el demonio abandonó el cuerpo del niño que cayó fulminado despidiendo un gran hedor. Fue enterrado de forma oculta.

Según el Malleus maleficarum o Martillo de las Brujas (la guía para la caza de brujas) los súcubos no derraman el semen de sus víctimas, sino que lo recolectan y después lo usan para embarazar mujeres y crear monstruos. En otros textos de la época se especifica que los súcubos, al recibir el semen en su interior, desarrollan un pene y se transforman en íncubos para más tarde reinyectar ese mismo semen en víctimas femeninas.


A raíz de la practica del Onanismo, al derramar la Energía bendita de la Vida, el semen en la tierra, de ese semen regado, fornicado, toman la energía estos demonios para aparecerse en el mundo material. Que con los días y la continua o incontinua fornicación crecen y adquieren poderes sobre sus "padres" que son sus amantes, además en los sueños los atacan y así se dan las poluciones nocturnas; En algunos grandes fornicarios, llegan a adquirir tanto poder y fuerza que se pueden tridimensionalizar, a este plano material y durar en el un par de noches, fornicando sin cesar con quién la dío pase a este mundo.
 
Ahora veamos a los Incubos: 
 
Qué es un Incubo?
Un íncubo es un demonio sexual masculino cuyo rasgo fundamental consiste en una técnica sexual envidiable. Es decir, los íncubos son amantes consumados, con grandes y eficientes miembros, difícilmente olvidables.

El significado de la palabra íncubo es una mezcolanza medieval de las voces latinas In, sobre, y Cubare, yacer, acostarse. Por lo tanto, íncubo significa El que yacer sobre, El que se acuesta sobre; Lo cual justifica las alabanzas sobre sus largas y anchas artes amatorias, repertorio que se limita a una sola posición sexual. Vale aclarar que la palabra íncubo, en plural: Incubi, era utilizada en latín para referirse a una clase de pesadillas particularmente escandalosa y orgiástica.

En el origen de los íncubos o demonios particularmente interesados en la sexualidad. La mitología clásica los conoce con diversos nombres y formas. Los íncubos, Según explican los grimorios, los demonios son incapaces de procrear, debido a ello se valen de estos amantes infernales para depositar su simiente infernal en los buenos úteros carnales. En la edad media esta teoría fué rebatida po el Malleus Maleficarum, El Martillo de las brujas* en donde se explica lacónicamente que los Súcubos e Íncubos probablemente no sean capaces de procrear.

 
Algunos analistas lúcidos han advertido que la enorme mayoría de casos documentados sobre ataques de íncubos aseguran que estos demonios utilizan la forma y las ropas del clero durante sus asaltos. De hecho, la vida medieval en los conventos organizaba guardias nocturnas en las habitaciones de las novicias, y se las advertía sobre esta tendencia irracional de los íncubos a mimetizarse con los hábitos del párroco local (chivo expiatorio?).

A pesar de que la Iglesia observa con indignación las técnicas insuperables de los íncubos, también advierte sobre algunas trampas relacionadas con sus ataques. Por ejemplo, se dice que los íncubos sólo penetran a las mujeres dormidas, provocándoles una especie de parálisis momentánea. El placer sexual de las víctimas es pasajero y super intenso, desaparece apenas el íncubo se retira de la alcoba, dejando cierto sabor metálico que nadie ha sabido explicar  y un gran ardor y palpitación vaginal y/o anal.

Otras versiones de la leyenda vociferan sobre cantidad formidable de extremidades (penes) que poseen los íncubos, haciendo muy complicado para las infortunadas identificar cuál de todas ha sido la causante de su placentera desgracia. El norte europeo ostenta las tradiciones más escalofriantes sobre ataques de íncubos, en ellas se afirma que estos seres demoníacos revolean un miembro con escamas, rústico enorme y áspero, que provoca un dolor vaginal y/o anal incomparable pero mezclandose con un placer extremo, generando en la víctima un profundo goce sádico.
El Malleus Maleficarum va más allá, y detalla que los íncubos utilizan su gran y escandaloso miembro penetrando analmente a hombres y haciendolos gozar hasta homosexualizarlos totalmente.
Incubo sometiendo a hombre a la homosexualidad.
Generalmente, los íncubos prefieren a las mujeres de fé, especialmente monjas y novicias; Pero ocasionalmente se divierten con el ano de algún sacerdote.

El Íncubo más famoso posiblemente fué el mago Merlín (después de muerto claro está) cuyo nombre se dice que es impronunciable.

Otro íncubo célebre es Larimon, un demonio pícaro y superdotado, especialmente habilidoso en cuestiones de alcoba.
 
*Habrá un artículo especial para el íncubo más famoso y contemporaneo; El Ente!.

Videos: Incubos y Súcubos (Cuarto Milenio)





Gárgolas: Guardianes frente al mal?; O el mal mismo?


Se asoman desafiantes en las cornisas de las grandes catedrales góticas. Monstruos infernales, imágenes grotescas, muecas burlonas o animales dantescos. Cualquier representación es buena si consigue su supuesto objetivo: Custodiar el recinto sagrado de los embates del Maligno?. Son las defensoras pétreas, depositarias del encargo divino?... Son las gárgolas.

La Leyenda que las formó


Refiere la tradición oral francesa la existencia de un dragón llamado La Gargouille, descrito como un ser con cuello largo y reptilíneo, hocico delgado con potentes mandíbulas, cejas fuertes y alas membranosas, que vivía en una cueva próxima al río Sena.
La Gargouille se caracterizaba por sus malos modales: tragaba barcos, destruía todo aquello que se interponía en la trayectoria de su fiero aliento, y escupía demasiada agua, tanta que ocasionaba todo tipo de inundaciones.
Los habitantes del cercano Rouen intentaban aplacar sus accesos de mal humor con una ofrenda humana anual consistente en un criminal que pagaba así sus culpas, si bien el dragón prefería doncellas.
En el año 600 el sacerdote cristiano Romanus llegó a Rouen dispuesto a pactar con el dragón si los ciudadanos de esta localidad aceptaban ser bautizados y construían una iglesia dedicada al culto católico.
Equipado con el convicto anual y los atributos necesarios para un exorcismo –campana, libro, vela y cruz–, Romanus dominó al dragón con la sola señal de la cruz, transformándolo en una bestia dócil que consintió ser trasladada a la ciudad, atado con una simple cuerda.
La Gargouille fue quemado en la hoguera, excepción hecha de su boca y cuello que, acostumbrados al tórrido aliento de la fiera, se resistían a arder, en vista de lo cual, se decidió montarlos sobre el ayuntamiento, como recordatorio de los malos momentos que había hecho pasar a los habitantes del lugar.
Sumideros Sagrados

Esta curiosa leyenda, más encantadora que real, viene a explicar el origen de la palabra gárgola como sinónimo de escupir agua con facilidad, intención primigenia de las esculturas ubicadas en las cornisas de iglesias y catedrales medievales.

El concepto de una proyección decorativa a través de la cual el agua se expulsase del edificio era conocido desde la antigüedad, siendo utilizado por egipcios, griegos, etruscos y romanos.
Mientras que los griegos tenían especial querencia por las cabezas de león, fueron los romanos los que utilizaron estos canalones decorativos con abundancia, tal y como lo demuestran los ejemplares de la ciudad de Pompeya, conservados intactos hasta la actualidad merced a la capa de lava que los cubrió durante la erupción del Vesubio, en el primer siglo de Nuestra Era.

Aunque cumplen funciones decorativas y simbólicas su principal tarea es desviar el agua de la lluvia para evitar la erosión en los edificios.
Durante la Edad Media, las gárgolas se utilizaron como desagües y sumideros a través de los cuales se expulsaba el agua de la lluvia, evitando que cayera por las paredes y erosionase la piedra.

Es esta la utilidad a la que se refieren todos los idiomas europeos, cuando idearon palabras para designar estos apéndices arquitectónicos: el italiano gronda sporgente, frase muy precisa, arquitectónicamente hablando, que significa "canalón saliente"; el alemán wasserspeider, que describe lo que una gárgola puede hacer, esto es, escupir agua; el español gárgola y el francés gargouille, que derivan del latín gargula, garganta; o el inglés gargoyle, derivado de los dos anteriores.

Las primeras gárgolas aparecen a comienzos del siglo XII. Es en la época del gótico, concretamente durante el siglo XIII, cuando se transforman en el sistema predilecto de drenaje, si bien no todas ellas tenían esta utilidad.
Parece que los primeros ejemplos góticos de gárgolas son las que se pueden observar en la Catedral de Lyon, seguidas de las que pueblan Notre-Dame de París.

Un arte terrorífico

Es raro encontrar una gárgola sola. Generalmente suelen estar agrupadas en hileras, sobre los altos de iglesias y catedrales, a modo de una sociedad de gente de piedra.

Las gárgolas del primer gótico apenas si estaban elaboradas, pero según fueron proliferando, el diseño se fue haciendo cada vez más elaborado, transformándose en auténticas obras de arte. El rasgo distintivo de sus expresiones es que nunca eran bellas sino intencionadamente horribles, grotescas o irónicas.
En general, el gótico se caracteriza por ser más realista que el románico, con la excepción de las gárgolas, que parecen perpetuar la fascinación, típicamente románica, por las criaturas grotescas y monstruosas.
Desde finales del siglo XIII las gárgolas se hicieron más complicadas, abandonándose la representación de animales, que fueron reemplazados por figuras humanas. Aumentaron su tamaño y se transformaron en figuras más exageradas y caricaturizadas.

Las connotaciones demoníacas se abandonaron en el siglo XV, cuando se extremaron las poses y expresiones faciales, perdiendo sus significados religiosos y haciéndose más cómicas.
Las gárgolas eran algo más que una decoración funcional, si bien su significado profundo permanece aún sin determinar. Entre las numerosas que pueblan los edificios medievales no se han podido encontrar dos iguales, demostración de la extraordinaria imaginación de sus constructores.
La documentación contemporánea a su elaboración ofrece muy poca ayuda en la resolución del enigma sobre su significado derivado, en gran medida, de la costumbre medieval por crear ambigüedad, lo que provoca y permite múltiples sentidos.
La gran variedad, tanto en formas como en significados, va en contra del uso típicamente medieval, esto es, educativo; si se quería enseñar es evidente que debía entenderse el mensaje transmitido a través de las gárgolas. Es por ello que encontramos gárgolas no sólo en iglesias y catedrales, sino también en edificios seculares y casas privadas.
Guardianes de la Fé?

Son muchas las explicaciones que se han intentado buscar, a lo largo de los siglos, para explicar el significado oculto de las gárgolas. Se han visto como símbolos de lo impredecible de la vida, pues nunca representan especies animales conocidas.

En otros casos, se ha dicho que son las almas condenadas por sus pecados, a las que se impide la entrada en la casa de Dios. Esta podría ser una interpretación apropiada, especialmente, para las gárgolas más visibles y terroríficas, que pueden servir como ejemplo moralista de lo que puede ocurrirle a los pecadores.
De todas las explicaciones posibles, la más aceptada es aquella que nos habla de ellas como guardianes de la Iglesia, signos mágicos que mantienen alejado al diablo. Esta interpretación puede explicar el porqué de tan diabólicos y espantosos aspectos y su ubicación fuera del recinto sagrado.

Una de las teorías explica que se creaban como protectoras de la Iglesia.
Esta línea argumental es la seguida por Richard de Fournival, Obispo de Amiens en el siglo XIII, y autor de Roman d’Ablandane, donde cuenta cómo el maestro cantero Flocars hizo dos gárgolas de cobre, que situó en la puerta de entrada a la ciudad de Amiens, con la intención de que evaluaran las pretensiones de todo aquel que quisiera entrar en ella.
Si el individuo era malévolo, las gárgolas escupían un veneno sobre él que lo mataba; por el contrario, si era una buena persona, los guardianes se encargaban de escupir oro y plata.

También se utilizaron figuras grotescas.
Señales Demoníacas?

Entre las posibles interpretaciones que se han atribuido a las gárgolas destacan aquellas que las asimilan a representaciones del demonio, tan presente en el imaginario colectivo medieval, que recuerda al cristiano la necesidad de seguir los preceptos religiosos si quiere escapar del infierno.

Así, muchas de las llamadas gárgolas grotescas parecen representar a dragones, diablos y demonios, símbolos del mal para el cristiano de la Edad Media.
El dragón fue el animal fantástico más reproducido por el arte medieval. La palabra dragón deriva del sánscrito dric, que significa "mirar", en referencia a la capacidad de este animal para destruir con sus ojos.
Mientras que otros, como el león, podían alternar su carácter maléfico y benéfico, según la representación que se considerase, el dragón siempre ha significado, dentro del arte occidental, maldad y destrucción. De esta forma, muchas veces se ha representado al diablo como un dragón.
Aunque el arte medieval no predeterminó una representación fija del dragón, sí puede observarse en todos ellos la existencia de alas semejantes a las de un murciélago, animal asociado a la oscuridad y el caos. Alas que, probablemente, indican el origen angélico del demonio.

Como es de sobra conocido, antes que Lucifer se revelase y fuera expulsado del paraíso, era el más bello de todos los ángeles. Pero cuando cayó, toda su belleza se transformó en fealdad, cambiando su nombre por el de Satán, que significa "adversario u oponente".

Si uno es el diablo, Satán, muchos son los demonios, espíritus maléficos servidores del ángel caído. Su representación en la iconografía medieval recoge todo lo que de repugnante y desagradable tenía la naturaleza: si Dios era el Creador de todas las cosas bellas, su oponente, Satán, sólo podía representar lo feo, sórdido y despreciable.
Ciertas gárgolas muestran estas características, sólo atribuibles al demonio y sus servidores. Si bien la apariencia externa es humana, hay numerosos signos demoníacos: los cuernos, las orejas animales puntiagudas, los colmillos, las barbas, las alas membranosas, la cola, los pies en forma de patas hendidas y desgarradoras, los cuerpos desprovistos de vello y el semblante amenazador...
Una gárgola con alguna de estas características, sino todas, era inmediatamente asociada al mal, por parte de sus espectadores medievales.
La fisionomía polimórfica de estas gárgolas diabólicas era la expresión perfecta de la habilidad del demonio para transformarse, para presentarse ante el cristiano desprevenido bajo diversos disfraces.

Fuente de Información: Revista Enigmas

Quienes eran los Cátaros?

Supuesto escudo Cátaro
 EL SECRETO DE LOS CÁTAROS
 

¿Quiénes eran los Cátaros?
 

Los defensores de la doctrina según la cual una cadena de iniciados
habría transmitido el conocimiento secreto desde la Antigüedad hasta el día de hoy, ven al fenómeno cátaro de diferente manera que los historiadores más o menos ortodoxos. Estos últimos sostienen que el catarismo es un movimiento social de masas homologable a otras herejías que proliferaron en Europa Occidental entre los siglos XI y XIII. Tal efervescencia herética sería consecuencia de los propios males de la Iglesia, así como de la crisis de crecimiento de la sociedad medieval. Pero existe otra corriente de opinión.

Ésta sostiene que el fenómeno cátaro es algo distinto a un simple movimiento de renovación espiritual. 
El catarismo sería, ni más ni menos, una doctrina inspirada por un conocimiento de orden superior. Los mártires cátaros fueron torturados y quemados vivos, no por herejes, sino por iniciados. Y ello no obstante, los supervivientes lograron conservar la semilla del conocimiento secreto, y difundirla a generaciones posteriores, a través de diferentes colectivos sociales y sociedades secretas (o discretas) que iremos desgranando a lo largo de este artículo.
Los más (especialmente los especialistas ortodoxos) se inclinan por la teoría según la cual “cátaro” deriva del griego καθαροσ (puro), que está en la base del término “catarsis” (purificación), y del alemán ketzer (hereje). Pero existe otra posibilidad: la Iglesia oficial consideraba, como es bien sabido, a esta herejía como una expresión de satanismo o de culto al diablo; por ello la propaganda del catolicismo romano hacía remontar el término del latín cattus, el gato negro asimilado al Príncipe de las Tinieblas. Desde mi punto de vista, esta segunda interpretación –aunque vilipendiosa- se acercaría más a la verdad, por unas razones que explicaré más adelante. Pero continuemos con nuestro relato acerca de los misteriosos –y atribulados- cátaros. En resumidas cuentas, los «puros» (es decir, los que han recibido el bautizo, o consolamentum) se llamaban entre sí Juan o Juana; su Iglesia era enominada Iglesia del Amor (o cristianos de San Juan, o Iglesia de María); rechazaban el Antiguo Testamento (y buena parte del Nuevo); su doctrina era dualista (creían en la existencia de dos principios fundamentales: el bien y el mal); y su distintivo fundamental era la pata de oca, o bien la cresta del gallo, el «ave que anuncia el Sol» (de ahí su denominación como patarines, y también
como chrestiàa, que como es natural no deriva del Cristo ortodoxo que todos conocemos) 1. 1 La pata palmeada se encuentra detrás del simbolismo de ciertas sociedades iniciáticas. Cuatro patas de oca unidas por el centro constituyen la cruz paté de Occitania y de la orden templaria (paté deriva de «pata palmeada»). Dos cruces paté yuxtapuestas (una blanca y otra negra) constituyen el octógono sagrado de los templarios, muy empleado en la arquitectura gótica catalana. No hay torre en Barcelona que no tenga como base el octógono. Allí encontraremos una de las pocas plazas octogonales del mundo: la plaza Milans, sita en lo que otrora fuera la capilla del Palacio Menor de los templarios. Los cátaros, como los llamados cagots (lo cito en mi libro El conocimiento secreto), eran llamados «patarines», no aludiendo a la patera (a la «copa sagrada»), sino a la pata de oca, que, por cierto, llevaban cosida —en una pieza de paño rojo— en su manga derecha. En fin, la oca es un elemento iconográfico (de carácter gnóstico, cátaro y pagano) de primera categoría. En términos simbólicos, representa el hermafroditismo, que es una forma de denominar a la «dualidad primordial». Según Juan
Si en algo se ponen de acuerdo los estudiosos de las cosas antiguas, es en el origen oriental de sus creencias. El catarismo tiene claras resonancias gnósticas y maniqueas. En definitiva, los “perfectos” pensaban que en este valle de lágrimas, llamado “mundo de los sentidos”, se desarrolla una pugna
continua entre dos principios irreconciliables: el Bien y el Mal; o dicho con otras palabras, la Luz y las Tinieblas. El primero define el elemento constituyente del alma, encerrada en un forro de materia (nuestro cuerpo); el segundo es todo aquello que se puede ver, oler y tocar, es decir, la realidad tangible. El Dios del
espíritu se enfrenta al Dios de la materia (Satán, nuestro Yahvé) por adquirir la primacía en la continua batalla entre el Bien y el Mal.
Se dice que el catarismo occitano, lombardo o alemán tenía fuerte influencia bogomila (una secta búlgara de obediencia maniquea). Lo cierto es que tanto los bogomilos búlgaros como los mismos cátaros occidentales tienen un precursor común: Prisciliano, heresiarca hispano de rica alcurnia, que ostentó el cargo de obispo durante el siglo IV, en tiempos del emperador Máximo. Su rigorismo y su doctrina gnóstica y maniquea fueron empleados por los novacianos para diferenciarse del catolicismo ortodoxo. Éstos se llamaban
a sí mismos “puros”, término que posteriormente sería recuperado por los cátaros.
La gnosis es conocimiento, pero también doctrina de salvación. Para los gnósticos, especialmente los maniqueos y los cátaros, el mundo material es esencialmente malo. El Demiurgo (Sumo Hacedor) del mundo tangible es un dios del mal, y sería equiparable al Satán de los cristianos (el Príncipe de las Tinieblas). Es decir, el Yahvé todopoderoso que nos hizo a su imagen y semejanza sería en realidad, para los gnósticos (y cátaros), el responsable de todo lo que de malo, corrupto y perecedero existe en este valle de lágrimas.
El dios auténtico, el Príncipe de la Luz (el Lucifer celestial) habría dejado su destello, su huella, sólo en nuestro espíritu, en lo más profundo de nuestros corazones. Para los cátaros, y para los gnósticos en general, la única manera de eliminar el mal, para recuperar lo poco que de puro y numinoso retiene el
ser humano, consiste en procurar la extinción de la propia vida, ya sea a través del suicidio, del sacrificio, del martirio, o bien de la negación de la procreación.  El gnóstico se reconoce como un extraño en el mundo, y siente nostalgia por la grandeza excelsa del Bien Supremo, especie de nirvana espiritual alcanzable sólo por medio del aniquilamiento, de la autonegación como entidad material. Como veremos en su momento, los cátaros, descendientes directos de los maniqueos en el Occidente europeo, eran tachados de ultrapuritanos, de negacionistas de la vida. Así, entre los ojos del pueblo humilde eran vistos como maestros de virtud, continencia y sabiduría (por eso eran llamados “perfectos”, o “puros”). El gnosticismo, en definitiva, es tanto un metalenguaje, una forma críptica de conocimiento, que trata de transcribir de forma simbólica una serie de ideas complejas, como un “camino de salvación”, que sitúa al adepto en relación al espíritu (emanación de Dios, el Lucifer celestial) y al mundo (su corporeidad material, maculada por el mal y el pecado). El tratado hermético titulado La Llave asegura: “La perversión del alma es la ignorancia; porque el alma, cuando no conoce nada de los seres ni de su naturaleza, ni tampoco del Bien, ciega total, sufre el combate que contra ella levantan las pasiones del Eduardo Cirlot, la oca alude al dios andrógino de muchas religiones primitivas, al rebis de los alquimistas, y al hombre bisexuado de Platón. Cuerpo, y desgraciada, ignorándose a sí misma, sirve de esclava a cosas que le son ajenas y corruptas, y carga el cuerpo como un pesado fardo”. Desde este punto de vista, la ignorancia hace a los hombres esclavos del mundo y sus pasiones; la gnosis (el conocimiento) los libera. Sea cual sea el origen de los cátaros, éstos se distinguían de los cristianos ortodoxos por su rechazo a buena parte del Antiguo Testamento 2, de los Sacramentos (que sustituyen por otros ritos más cercanos a su doctrina), de ciertos símbolos cristianos y, especialmente, de algunas costumbres populares que ellos consideraban bárbaras o pecaminosas. Como los templarios, sentían predilección por el Evangelio de San Juan; el más filosófico de los cuatro reconocidos por la Iglesia 3. Como muy bien expresa Otto Rahn, en su Cruzada contra el Grial: “Resulta más que sorprendente que esta doctrina (es) a la vez la más tolerante y la más intolerante entre las cristianas”. Jesús Mestre, en su obra Los Cátaros, resume en pocas palabras lo esencial de su fe: “El pecado es la sujeción al mundo, su piedra angular”. La mitología cátara establece que el pecado original no es un pecado de orgullo, sino carnal: la unión sexual de Adán y Eva, del hombre y la mujer. Porque para los “Perfectos” no existe pecado venial: todos los pecados son mortales. Y lo son porque la cópula y el goce carnal suponen para el individuo la sujeción al mundo. Es forzoso insistir en un detalle capital: Jehová, para los cátaros, es el Maligno, el ríncipe de las Tinieblas. La causa de todo mal está en la esfera de lo material, que es obra de Satanás, puesto que el Dios de la Luz no puede haber creado este mundo imperfecto. Los perfectos llamaban al Demiurgo, por
otro nombre Satanás, el Gran Arrogante. El verdadero creyente, el Puro, debía consagrarse al Dios de la Luz (o del Espíritu) renunciando al cuerpo y al placer. Los cátaros, como los gnósticos, se llamaban a sí mismos “hijos de la Luz”. Los cátaros sostenían que nada humano —carnal y material— puede ser puro o bueno; y por ello no aceptaban que el Hijo de Dios fuera un hombre como los demás. Finalmente solucionaron esta antinomia estableciendo que Jesús sería un Ángel a quien Dios ordenó salvar al mundo a través de sus enseñanzas. Era el Salvador, el Enviado. Negaban su sacrificio en la Cruz y, por supuesto, el valor simbólico de esta última (así como la Eucaristía, o la transustanciación del cuerpo de Cristo en la hostia sagrada). María sería la Sofía (la Sabiduría). Para los gnósticos, ella era el Espíritu Santo-Mujer, «la que engendra sin cónyuge», el Paráclito (el Consolador de los Fieles), la mediadora entre Dios y el Mundo.
Los heresiólogos, inquisidores y jueces del brazo secular reprochaban a los cátaros su carácter  ultrapuritano, por demandar un nivel de sacrificio queestaba al alcance de muy pocos. Recordemos que los cátaros exaltaban la continencia sexual y la abstinencia hasta el punto de rechazar el matrimonio nuclear, condenar la carne y abominar los alimentos grasos. De ello da fe la ceremonia del consolamentum, por la cual el neófito se convertía en Perfecto, 2 Reconocían únicamente los libros de los Profetas, los Salmos, el libro de Job, los escritos de Salomón y el libro de Sabiduría. 3 Así, hacían suyo el siguiente pasaje: “El espíritu es el que da vida, la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (San Juan, 6:63). Y también éste: “En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la abrazaron” (San Juan, 1:4-5). tras romper el vínculo de matrimonio con su cónyuge. El compromiso solemne del nuevo hermano reza así: “Prometo consagrarme a Dios y a su Evangelio, no mentir jamás, no jurar jamás, no tener contacto con mujer alguna, no matar ningún animal, no comer carne y alimentarme sólo de frutos. Prometo además no viajar, ni vivir ni comer sin uno de mis hermanos y, caso de caer en manos de nuestros enemigos o ser separado de mi hermano, abstenerme durante tres días de todo alimento. Prometo asimismo no traicionar jamás mi fe, sea cual fuere la muerte que me espere”. Terminada la ceremonia, el neófito se retiraba a la soledad, para ayunar durante cuarenta días a régimen de pan y agua. A esta mortificación se le llama endura. Sólo entonces era considerado Perfecto. Todos los demás, los que comulgaban o simpatizaban con sus ideas, pero no se veían capaces de vivir tal existencia de sacrificio y rigor, eran llamados adeptos (con minúscula). Únicamente los Perfectos, si mantenían su promesa y ejercitaban una vida recta, tenían asegurada la Salvación. Los adeptos, ligados aún a la carne y a la materia, debían transmigrar a otro cuerpo para, a través de varias purificaciones, poder ascender a la calidad de Perfectos. De este modo, se establecía una diferenciación de facto entre el núcleo
duro de iniciados y los meros adeptos, que prefigura la estructura dual (y gradualista) de las sociedades secretas y discretas que se sucedieron con posterioridad: desde los templarios hasta la moderna Masonería.
Una de las mayores paradojas del catarismo consiste en su permisividad hacia los adeptos por lo que se refiere a la moral sexual. En pocas palabras, si alguien no podía rechazar el placer, era preferible la unión
libre (la promiscuidad o la relajación sexual) al vínculo matrimonial. Como asegura Jean Pierre Leduc en Los Cátaros: “Paradójicamente, su desprecio de la carne les conducía a alentar la libertad sexual, predicando al mismo tiempo la contracepción”. Además, siendo los cátaros enemigos de la materia, empleaban las fuentes y las cuevas, tan asociadas a antiguos cultos paganos, como espacios sagrados donde celebraban sus ceremonias. Por ejemplo, Ramon Roger, el joven Trencavel, fue recibido como “creyente” en la espulga (cueva fortificada) de Ornolac. En definitiva, el catarismo es una doctrina compleja y contradictoria, lo
que hace más inverosímil que tantos miles de Perfectos y Adeptos prefirieran aceptar con serenidad de ánimo el martirio, antes de abjurar de sus creencias. ¿Por qué? ¿Tal vez porque se creían custodios de un Secreto por el que valíala pena morir? ¿Y en tal caso, en qué consistía? Otto Rahn, estudioso del fenómeno cátaro, y uno de los cachorros de Himmler, lo tenía muy claro. Los cátaros eran los custodios del Grial, y la
Cruzada contra los cátaros fue en realidad una cruzada contra el Grial. El mismo Heinrich Himmler se sentía heredero de la doctrina cátara, confesando al padre Ripoll de Montserrat, con ocasión de su visita al monasterio el día 23 de Octubre de 1940: “En Montserrat se propugnó la herejía albigense, con la
que nosotros (los nacionalsocialistas) tenemos tantos puntos de contacto” 4. 4 Raguer, Hilari. “Himmler en Montserrat”. Historia y Vida número 158. Mayo de 1981. Según la tradición, los cátaros guardaban el Grial en la fortaleza de Montségur, y el 14 de Marzo de 1244 sucedió algo extraordinario que impulsó a algunos soldados a convertirse, y a aceptar la muerte con alegría. Baigent, Leigh y Lincoln explican este extraño suceso en su magna obra El enigma sagrado: “Fuera lo que fuese dicha festividad, está claro que causó cierta impresión en los mercenarios contratados, algunos de los cuales, desafiando una muerte inevitable, se convirtieron al credo cátaro” 5. En palabras de Otto Rahn, un pastor de ovejas del país le contó la
siguiente historia: “Cuando aún estaban en pie los muros de Montségur, los cátaros, los puros, custodiaban dentro de ellos el Santo Grial. Montségur estaba en peligro; los ejércitos de Lucifer se hallaban ante sus murallas. Querían hacerse con el Grial para insertarlo de nuevo en la diadema de su príncipe…” 

6. Pero los Puros tuvieron tiempo de resguardar el precioso objeto. La noche de la caída de Montségur cuatro cátaros descendieron mediante cuerdas desde la cima de la montaña hasta el fondo de la garganta de Lasset para entregar el tesoro de los herejes a sus legítimos poseedores. El Grial fue ocultado en una de las grutas del Sabarthez, y con el tiempo fue a parar a un refugio seguro, donde –según se dice- aún permanece a día de hoy. Pero aquí no acaba la historia. Los templarios, hermanos de credo de los cátaros, hicieron todo lo posible para ayudar a los Perfectos. Les permitieron escapar hacia otras tierras menos hostiles, como el Reino de Aragón y el Norte de Italia, donde vivieron –aparentemente- en paz y tranquilidad hasta la muerte del último cátaro oficial: Bélibaste, quemado en la hoguera en 1321. En ese momento pasaron a la  clandestinidad, pero no dejaron de existir en absoluto, como apunta Juan García Atienza en su Guía
de la España Griálica: “De ser, como lo fue en sus inicios, un poderoso y sin duda atractivo movimiento religioso erigido como alternativa al poder y la sumisión exigida por la Iglesia de Roma, el catarismo pasó a ser, a fuerza de persecuciones y matanzas, una forma de conciencia solapada que emergía en la vida social y
cultural de las comarcas pirenaicas como el recuerdo de algo que no por imposible era menos añorado. Hoy mismo –es un secreto a voces- el catarismo existe, siquiera en su vertiente visceral más pura. Sigue habiendo perfectos, aunque esos perfectos lo sean por libre y sin obediencias estrictas a textos que, en su mayor parte, fueron destruidos; sigue habiendo gentes que recuerdan que sus antepasados fueron  convertidos en cenizas en las piras de Béziers, de Montaillou o del Camp dels Cremats de Montségur. Y hasta quedan quienes tampoco han olvidado que, hace ya muchas generaciones, los suyos tuvieron que atravesar la barrera de los Pirineos y refugiarse en Aragón, en Cataluña o en el Maestrazgo valenciano, y hasta en Mallorca, para salvar la vida ante la constante amenaza de una denuncia que podía terminar en los
5 Peter Berling, en Los hijos del Grial, recrea esta ceremonia, destacando su carácter “mágico”: “¿Qué
verían allá dentro los escogidos que no le sería posible comprender a él? ¿Cuál era la fuente de aquella
claridad sin sombras, sin oscilaciones, que irradiaba sobre los reunidos?”. Aquí el novelista nos describe
algo (¿el Grial?) que emite una luz pura y continua, tan diferente a la que ofrecían las luminarias y las antorchas propias de su tiempo. ¿Tendría este suceso algo que ver con las súbitas conversiones de soldados y mercenarios que, de este modo, quedaban irremediablemente condenados a morir en la hoguera?
6 Cruzada contra el Grial (Hiperión, Madrid, 1994). Pág. 66. calabozos que les reservaban a los herejes contumaces los padres predicadores que monopolizaban la represión en las tierras de Occitania” .
La doctrina oficial establece que el catarismo catalán es heredero de la Iglesia hermana de Occitania. Hasta cierto punto ello es así: la población catalana se dobló en pocos años tras la huida masiva de los cátaros del
Languedoc. En palabras de Anna M. Adroer y de Pere Català, «el foco (cátaro) de Tolosa de Languedoc irradió por la península Ibérica, extendiéndose por Cataluña, Aragón, Navarra y León»; y añado yo: coincidiendo con las áreas de mayor población cagot (véase más abajo). Los cátaros del norte aportaron a
estas regiones buena parte de las técnicas de la industria lanera que harían prosperar sus ciudades. En esta operación masiva de «huida hacia el sur» no estaban solos: los templarios, haciendo valer su papel de «servidores del  peregrino», hicieron todo lo que estaba en su mano para ayudarles: dándoles refugio en sus encomiendas, u ofreciéndoles apoyo logístico en el trayecto desde el castillo de Montségur hasta Berga, por el sendero llamado comúnmente Camí dels Bons Homes. Y digo que «hasta cierto punto el catarismo catalán es heredero de la Iglesia albigense» porque la herejía pirenaica y catalana tiene raíces propias,
como demuestra la persistencia de tradiciones heterodoxas ya desde tiempos muy antiguos. La primera es el gnosticismo, difundido en España a través del maniqueo Marco el Egipcio (hacia el 330) y de su discípulo Prisciliano. La segunda, tal vez la más importante doctrina herética en este país, es el adopcionismo de Feliu d’Urgell, con amplio respaldo en el área pirenaica. El adopcionismo fue importante para perfilar la noción cátara de la figura de Cristo: en pocas palabras, el Redentor no tuvo un verdadero cuerpo material, como los demás hombres, sino que sería un Ángel adoptado por Dios para ejercer la función de Salvador. La Encarnación sería una apariencia engañosa: «Incarnationem non vere sed fantastice profitentur» .
La tradición cátara continuó viva en la literatura y en el esoterismo cristiano. Jean Renart, en su Roman de la Rose, dice así: “Amor debe ser tan discreto / Allí en donde se encuentre / De manera que no tenga dolor ni gozo / Salvo el que lo viva”. Amor es la Iglesia de los Perfectos, porque es la contraiglesia de Roma (Amor es el palíndromo de Roma). Amor es la Jerusalén Celeste, en contraposición a la Babilonia del Apocalipsis de San Juan. Ramon Llull, en su Llibre d’amic e amat (Libro de amigo y amado), aclara que la doctrina del Amor está velada por el secreto, al que sólo los adeptos pueden acceder: “Car ab secret té l’amic secret los secrets de son Amat (Dios), e ab secret los revela, e ab revelació los té secrets”, o bien “Turmenten-me los secrets de mon amat, con les mies obres los revelen, e cor la mia boca los té secrets e no els descobre a les gents” 7. Y es por ello que, ya en la clandestinidad, deben mantener el Secreto, como única manera de salvaguardar su tesoro, hasta el tiempo en que, como 7 Parágrafo 74 y 31, respectivamente. Este lenguaje en clave, velado, distingue a los adeptos de los legos, y permite que aquellos puedan reconocerse entre sí: “E l’escuder li dix que los uns secrets d’amors revelen los altres, e per açò han coneixença, los amadors, los uns dels altres” (parágrafo 154). Los “secretos del amigo” y las “hosts e gran companyes que són ajustades d’esperits d’amors” son dos claras alusiones a una doctrina –cátara- en vigor entre los círculos de iniciados. Ciertas órdenes mendicantes – como los franciscanos- y el culto a la Virgen María habrían adoptado algunos de los dogmas de esta doctrina herética. dice la Profecía: “Al cabo de setecientos años (después de la muerte de Bélibaste, el último cátaro) reverdezca el laurel”. Ello sucederá el año 2021.
El secreto de los cátaros 

Cuando, ahogado en sangre, el fenómeno cátaro llegó a su fin en Occitania, multitud de adeptos y perfectos se trasladaron a dos territorios alejados entre sí: por un lado, a la Corona de Aragón, y por otro, a las
comunas itálicas. Allí se llevaron su maestría en las artes manufactureras (especialmente en la industria textil), y posiblemente también los últimos brotes de su fe. Languedoc alude a la lengua de la oca (langue d’Oc); es decir, al país donde se habla el argot, el lenguaje secreto de los iniciados. Ello, por supuesto, no es más que una exageración: el occitano es lo que es; es decir, una lengua románica emparentada con el catalán. Pero hay más. La lengua de la oca acabó por influir al mundo occidental, no sólo a través del trobar clus de
los trovadores, sino también de los «cuentos de la madre oca», narraciones en las que el esoterismo se mezcla con el decorado maravilloso, mágico y legendario del Paraíso Perdido. Esta tradicion hermética tuvo continuidad en el llamado juego de la oca y en las Aucas (o aleluyas) del entorno catalán (historias edificantes dibujadas en cerámica o en papel, precursoras del moderno cómic). Así pues, si Occitania es el «país de las ocas», Catalonia es el «país de los gatos» (del latín cattus). Tan sencillo como eso. Los gatos dieron nombre no sólo a los catalanes, sino también a los cátaros. Según la tesis oficial, «cátaro» deriva de katharós (limpio, puro). Pero existe otra posibilidad: que «cátaro» haga referencia a los «adoradores de los gatos» 9. No olvidemos que estos animales han sido considerados seres divinos por diversas culturas.
Según el Wordsworth Dictionary of Phrase and Fable, en el Antiguo Egipto era reo de muerte quien matara a un gato, aunque fuera por accidente. Ello es así porque representaba la forma animal de Bastet, la «diosa felina», personificación de la Diosa Madre, de la Luna, y de la consorte de Osiris, la inmortal Isis.
Los cátaros conocían muy bien estas minucias etimológicas. El nombre del «último cátaro» reconocido por la Historia, Belibaste (muerto en la hoguera en 1321), se compone de dos partículas (Bel y Bastet) que significan, literalmente, «Señor» y «Diosa gato», o dicho en términos más claros, Sol y Luna, o bien Osiris e Isis.





Los cátaros se tomaban muy en serio el simbolismo: en ello les iba la vida. Tanto es así que les debemos la costumbre, hoy tan habitual, de darnos la mano en el momento de presentarnos (o saludarnos). Fue suya la idea de usar el palíndromo de Roma (Amor) para denominar a su Iglesia. Éste sería uno de los nombres en clave de su trobar clus (lenguaje secreto). El Amor representa a la Dama, denominación de la Diosa-Gato, o Diosa Madre
(Isis, Bastet, María o Magdalena).
 

 8 La naturaleza iniciática del juego de la oca es evidente si tenemos en cuenta que fue prohibido en
España durante los siglos XVII y XVIII. El diccionario etimológico de Joan Corominas, en su referencia
oca, cita la siguiente execración: «Joch malvat, traydor de l’auca que tants ne fa anar en mala hora»
(documento de Barcelona de 1633).
9 El término griego αρα, ασ, η -ara, as, e- significa literalmente «oración, súplica».
Los cátaros no dejaban nada al azar; incluso sus nombres tienen un significado que les identifica entre sí. Por ejemplo, Gérard de Sède alude a la costumbre, dentro de la casa de Foix, de ponerse nombres «solares»: entre otros, Rai-mundo (Rey del Mundo, o bien Rayo del Mundo), Atón, Febo, o bien Esclar-Monda (Luz del Mundo). En Cataluña, esta costumbre dio origen a la leyenda de Soler de Vilardell, el héroe solar (de ahí Soler) de espada milagrosa que, como Hércules, el Arcángel Miguel o san Jorge, mató al Dragón de Sant Celoni. Donde hay gatos —especialmente si son negros— hay brujas, y donde hay brujas hay o ha habido cátaros... Para mi descargo, diré que esta idea no es mía. Fue otra persona, mucho más docta que yo en materia de catarismo, la que lo sugirió. René Nelli no niega la posibilidad de que la brujería medieval
haya podido derivar indirectamente de un dualismo mal interpretado o mal comprendido. De hecho, esta idea nos ha pasado por la cabeza, sobre todo cuando hemos comprobado una coincidencia en los lugares donde tenemos noticias de cátaros: aquí, además de haber templarios (sobre todo en la Cataluña Nueva), también tenemos noticias de brujas. Con eso no quiero decir que el catarismo «fabricara brujas», pero sí que habría podido influir de alguna manera, de forma inconsciente, en la aparición de éstas.
La leyenda es de todos conocida: cuando llega la noche, las brujas se convierten en gatos negros, y con sus ojos centelleantes «encantan» y «atrapan» a sus víctimas. Esto no es como para tomárselo a broma. Miles de hechiceras —o supuestas brujas—, que en su mayor parte eran personas inocentes que ejercían una noble labor como comadronas y curanderas, fueron quemadas como algo peor que «herejes»: como «servidoras del diablo», enemigas de los buenos cristianos (los mismos que aplicaban sobre ellas la violencia y la intolerancia). Hay mucho que decir sobre la figura de la «bruja» como heredera de un antiguo saber; como residuo de una época —matriarcal— en la que la mujer tenía un rol social muchísimo más relevante. En todo caso, la brujería es, como el dualismo gnóstico, una reminiscencia del druidismo íbero que
posteriormente desembocó en el catarismo pirenaico y occitano. El término bruja deriva de una raíz (BRSH), de origen oriental, que alude tanto a una droga (Datura Stramonium) como a una escoba (Mibrsha, en siriaco). Esta identidad no es casual, porque el estramonio, al igual que la «escoba mágica» de las brujas, permite elevarse en el subconsciente; o como dicen los jóvenes de hoy en día, «alucinar». El BRSH, o estramonio, era llamado «hierba del diablo», «hierba de los brujos», o «hierba de los magos»,
siendo empleado para hacer olvidar al consumidor el recuerdo de ciertos hechos, o para ofrecerle «ilusiones consoladoras» (como por ejemplo «volar»). De ahí la palabra inglesa brush (escoba) y la palabra catalana brossa (cepillo con cerdas fuertes, empleado para limpiar los caballos; o bien el conjunto de los desperdicios que se lleva la escoba). Las brujas, tal como las conocemos hoy en día, son un producto
medieval. En Cataluña-Aragón se las menciona por vez primera con este nombre (bruixot o bruixa) en un documento del siglo XIII, y posteriormente en las Ordinaciones y Paramentos de Barbastro. La primera noticia de la detención de una bruja tiene lugar en Castellbò (1313); es decir, en el epicentro del catarismo catalán. En definitiva, la brujería, como el culto al gato, es heredera del catarismo. A la presencia de cátaros y templarios en las zonas de influencia brujeril hemos de añadir la existencia de cagoterías, es decir, de comunidades étnicas, supuestamente descendientes de los cátaros o de los masones operativos,
que han recibido el nombre de cagots (en Francia) o de agotes (en España). Estos grupos humanos, como explico en mi obra El conocimiento secreto, serían transmisores de la Tradición Primordial a lo largo de los siglos, tras la supuesta extinción de los últimos círculos de «iniciados». El movimiento sanjuanista (o cátaro) dio lugar —siglos después— a la Fraternidad Rosacruz, primero, y a la masonería, después. En cierto modo, el catarismo no murió, sino que se transformó y se intelectualizó. Existe un neocatarismo ideológico que ha sido asumido e interiorizado por las elites; no sólo seglares, sino también religiosas. La Tradición asegura que la Fraternidad Rosacruz deriva del movimiento albigense, y que a través de los trovadores, y de los Fedeli d’Amore (círculo en el que participaba Dante Alighieri), el legado cátaro se perpetúa hasta cristalizar en la figura legendaria de Christian Rosenkreutz. Jean Rivière 10 nos aporta una curiosa información, según la cual un tal Fr. Wittermans, a partir de lo dicho por M. H. Roegsen von Floss, de La Haya, revela lo siguiente: “Según una tradición que existe en la familia Von Roesgen Germelshausen, sus miembros se habrían contado entre los iniciados a los misterios germánicos; el asesinato en 1208 del legado pontificio, Pierre de Castelnau, proporcionó al papa Inocencio III el pretexto para confiar a los dominicos el cuidado de exterminar la Orden de los Albigenses. El castillo de Germelshausen fue sitiado, saqueado e incendiado. Toda la familia fue exterminada de la manera más bárbara. El más joven de la familia, Christian,
se salvó y huyó, dirigiéndose siempre hacia el este. yudado por correligionarios, llegó finalmente a Turquía y Arabia, donde lo juzgaron digno de desvelarle los secretos de la Orden de los Rosacruces, que florecía desde hacía tiempo en esos países. De vuelta a Europa, Christian renunció a su nombre de familia y tomó el de Christian Rosenkreutz”. Ésta es una de las leyendas que circulan en torno a dicha figura mítica.
Verdadera o no, nos presenta a un personaje (Christian Rosenkreutz) que se inicia en el saber de Oriente, para retornar a Europa con la misión de «reformar el mundo» y de advertirnos del Milenio, el cual tendría como prólogo la revelación de los grandes secretos de la Tradición Primordial, y como resultado el retorno a una Edad de la Inocencia adámica (y saturnina). Las pretensiones de Christian Rosenkreutz serían rechazadas en España, un importante enclave de la Tradición. Sus Axiomata, que pretendían corregir los errores de la Iglesia y de la Filosofía Moral, fueron allí objeto de escarnio. Tras retornar a su patria (Alemania), optó por reservar dichos conocimientos a los «sabios y entendidos», y antes de morir, con la ayuda de tres fieles colaboradores, redactó un fabuloso Libro M (¿de las Maravillas?), el cual —según parece— estuvo en manos del mismísimo Paracelso, uno de los maestros de la alquimia en el siglo XVI.
10 Jean Rivière (Historia de las doctrinas esotéricas. Dédado, Buenos Aires, 1976, pág. 350) asegura que
las huellas de la existencia de la Fraternidad Rosacruz se remontan a 1250, aunque debemos esperar a
1600 para ver constituirse las Hermandades Rosacruces propiamente dichas.
Buena parte de las corrientes iniciáticas actuales (entre ellas, las caracterizadas por la filosofía New Age), así como de las sociedades secretas o discretas de carácter esotérico (por ejemplo, ciertos Ritos masónicos), beben de la fuente del gnosticismo, de una u otra manera. Lo más preocupante del caso es que, como hemos tratado de dejar bien claro, este tipo de creencias se fundamentan en la “negación del mundo sensible”, así como en el repudio de los usos y las costumbres del pueblo llano, proclive al hedonismo y al
materialismo. Las elites, neognósticas y maniqueas, herederas del catarismo y del templarismo, a duras penas extirpados por la Iglesia oficial, son fieles a la doctrina del Paráclito (el Espíritu Santo), del Sóter (Salvador), y de la Parusía (Juicio Final). Su pensamiento, de carácter profético y apocalíptico, ávido de
revelaciones y de mesianismos, es inquietantemente perturbador en los tiempos que corren. Protagonistas de una Nueva Era en la que ellos son los elegidos, como insistentemente proclaman en las superproducciones
cinematográficas al estilo New Age, son los heraldos del Fin de los Tiempos, que tan inocentemente anticipó Paco Rabanne, y más modernamente, el inefable Dan Brown (El Código Da Vinci) 

¿Estaremos a las puertas del regreso?





Qué o quién es El Demiurgo?



La palabra Demiurgo significa “Constructor, Artífice” y es habitualmente referida, en términos cosmogónicos, en relación con el surgimiento y formación de los Universos: Fue usada por los antiguos y más notables filósofos griegos, como por ejemplo Platón y, a partir de ahí, por diferentes escuelas y autores, con mayor o menor propiedad. Como sea que Platón expone, en la medida de lo posible y bajo los necesarios velos, partes relevantes de la Ciencia Espiritual, es normal que, en la exposición de la Cosmogonía Oculta, se recurra a veces a esa palabra.
    Se podrá pensar inmediatamente que “Demiurgo” designa, entonces, a Dios Padre Creador de todo cuanto existe, y sin embargo esa es una formulación simplista e incorrecta, que no puede, sin más, ser suscrita por la Sabiduría Esotérica. Hay inmensas cuestiones y vertientes a ponderar. Ciertamente, no podríamos (aunque lo supiésemos) exponerlas todas. No en vano, no vamos a eludir algunas de las principales.

El dolor y la imperfección del mundo
    Toda la Humanidad es digna de compasión; aunque individualmente considerados, seamos, en muchas ocasiones, mezquinos. Gran parte de los seres humanos se asemejan a muñecos de cuerda. La imagen puede parecer algo dura, pero intenta ilustrar una actitud muy vulgarizada: las personas surgen en este mundo, se mueven mucho, hacen y dicen muchas cosas (un número considerable de las cuales, tal vez, inútiles); sin embargo nunca se preguntarán por qué y para qué están aquí; qué es eso que en ellas palpita, que les permite moverse, pensar, tener sentimientos; qué sentido real y profundo deben de tener sus existencias. Cuando lo hacen, en gran parte de los casos rápidamente se entregan en los brazos de alguna creencia más o menos simplista o, cuanto más pertinaces son, se convierten en fanáticos de ésta o aquella Iglesia (o de cualquier otro sucedáneo). Desgraciadamente es raro el investigador genuíno, que busca incesantemente la verdad, que no tiene miedo de enfrentarse a las preguntas y a ver el mundo tal cual es, que exige respuestas profundas, firmes y consistentes.
Image    No obstante, al presumir que los lectores de “Biosofía”, por el tipo de temáticas sobre las que muestran interés, han de ser dados a la reflexión, pensamos que no constituye ninguna exageración afirmar que seguramente ninguno de nosotros, al menos una vez en la vida, haya experimentado una sensación de dolor, de sufrimiento, de vulnerabilidad o de verdadera tristeza. Esto sucede particularmente en los momentos más críticos, cuando somos asaltados por una enfermedad, por un problema personal, por la muerte de algún ser querido; también cuando observamos los horrores del mundo que nos rodea, especialmente en el siglo pasado (y que también comienzan en el recién iniciado), en que la humanidad viene realizando grandes conquistas científicas y tecnológicas, pero que con ello construye medios de destrucción auténticamente asombrosos, y en que, aquí y allí, se cometerán iniquidades que nos hacen casi desfallecer de horror al tener conocimiento de ellas; cuando constatamos el océano de dolor y de locura en que la humanidad en general está inmersa; cuando en fin “apenas” sentimos aquella angustia, aquella insatisfacción, aquel vacío fundamental que tantas veces nos acompaña en el día a día…
En esas ocasiones, en alguna fase de nuestra vida, seguramente nos habremos interrogado si no existe un Dios en el “Cielo”, o, si existe, por qué permite que estas cosas puedan suceder en el mundo…

El problema del mal
Más aún: cuando vemos que no solo a nosotros, humanos, nos afecta el dolor y la miseria, sino que el sufrimiento puede ser tan cruel y brutal también entre los animales, en su lucha por la supervivencia; cuando vemos que hasta en el reino vegetal hay destrucción, cuando observamos que, en la Naturaleza , hay tentativas fallidas, fracasos o incluso (¿aparentes?) aberraciones; cuando constatamos que todo ser que conozcamos es limitado y, por tanto, imperfecto; cuando, en fin, nos enfrentamos al problema del mal 1 –de la existencia del mal en el Universo-, confirmamos cómo tienen plena vigencia las poéticas palabras del Buddha Gautama: “No te engañes, Ananda, toda la existencia está llena de dolor. Así, llora el niño desde que nace…”. Y añadía, en cuanto a todo lo que intentamos eludir: “Si Dios permite tales cosas, no puede ser bueno; o si no, no tiene el poder de evitarlas, es que no puede ser Dios” 2 .
De hecho, si existe –si existiese- un Dios simultáneamente Absoluto, Creador, Todopoderoso e infinitamente Bueno, ¿cómo es que no quiso o no puede hacer un mundo mucho más perfecto (es decir, infinitamente perfecto) y feliz (es decir, infinitamente feliz, bienaventurado) que éste? 3 .

Respuestas incoherentes
ImageLa teología de las Iglesias Cristianas se ufana –literalmente 4- de tener una respuesta para ese problema. Sintetizando, su posición es ésta: Dios es una Persona –que es también tres personas 5- distinta del mundo, que creó de la nada (concepción teísta), de la misma forma que crea a las almas humanas (pues los animales, por ejemplo, no tendrían alma) cada vez que es concebido un cuerpo al que se va asociar. Dios creó al hombre para ser feliz en este mundo, aunque siempre en una condición limitada. Al haber sido tentados por el demonio a ser idénticos a Dios, para lo cual comieron del Arbol del Conocimiento del bien y del mal, remotos antepasados nuestros habrían cometido el pecado original, motivo por el cual tenemos que sufrir -¡y mucho!- en este mundo (así lo interpreta el primer libro de la Biblia ). Algunos millones de años después, Dios envió a su Hijo (que es El mismo…) para redimirle (a los que creen en El) del pecado que había entrado en el mundo y para “conducirnos a la vida eterna”.
¿Difícilmente alguna vez se concibió una idea tan incoherente, disparatada y ofensiva para el más mínimo sentido de la justicia y de la lógica?. Y si no veamos:
1) Existiendo un Dios personal, infinitamente justo, creador y gobernante moral del Universo, donde interviene siempre que le parece conveniente 6 –que es lo que sostienen todas las teologías- ¿de qué modo podemos entender y aceptar que millares y millares de generaciones de seres humanos, muchos miles y miles de millones de hombres y mujeres continúen sufriendo las consecuencias de un hecho al que no contribuyeron, dado que no existían en el momento en que ese hecho fue –por otros- llevado a efecto (recordemos que las Iglesias cristianas no aceptan la idea de la preexistencia de las Almas, de la Reencarnación y del Karma)?. ¿Alguien hallaría justo que un juez nos aplicase una pena de prisión y de multa, (con intereses y gastos, faltaría más…) por un delito cometido por un antepasado nuestro que vivió –a modo de ejemplo- 100.000 años atrás? Si tal cosa ocurriese, cualquier ciudadano en su sano juicio sentiría la más profunda indignación y el sentimiento de ser objeto de una injusticia colosal. Seguramente consideraría al juez (o en su caso al legislador) inicuo, estúpido, monstruoso. Habría muchas probabilidades de que hubieran manifestaciones de protesta, desacatos, violencia, etc. ¿Cómo entonces admitir que el legislador o el Juez divino, infinitamente justo y sabio, pudiera tener tal iniquidad, insensatez y monstruosidad?. Y como se podría, aún así, dirigírsele alabanzas (como las que supuestamente se hacen o deberían de hacerse a un Dios)?.
ImageMuchas veces nos preguntamos cómo es que tales “explicaciones” pueden ser concebidas o aceptadas, y solo encontramos dos razones: el fanatismo retorcido y mal informado de algunos (los inventores de tal historia) y la indiferencia del ciudadano común ante cualquier espiritualidad profunda, que de hecho no toma en serio y que por eso no cuestiona, como lo haría si estuviesen en causa, por ejemplo, valores monetarios que le afectasen. En ese caso, y porque la cuestión sí le importaría, vislumbraría inmediatamente la inmensidad de tal injusticia…
2) Si Dios es omnipotente e infinitamente bueno y hace a todas las criaturas como el quiere, ¿por qué ha concebido a un ser limitado como el ser humano, incluso en su estado original de gracia?. Y por qué crea seres, como los animales, condenados también al sufrimiento –y, según tal teología, a la extinción-, y no obstante tienen sensibilidad al dolor, emociones, sentimientos y hasta inteligencia?.
3) A esto pueden unirse multitud de cuestiones, de las que solo suscitaremos algunas, y, aún así, nos limitaremos a dejar las preguntas sin más comentarios: ¿debería el ser humano permanecer infantilmente, sin discernimiento propio, sin ciencia (del bien y del mal)?. El original del libro del Génesis 7 ¿habla de un Dios y de los Elohim (una pluralidad, una Jerarquía)?. ¿Y por qué, en el mismo libro, se habla ya sea de los Elohim, o ya de Jehová (e incluso, en medio, del Elohim-Jehová)?. Y la primera palabra bíblica, aún en el Génesis, palabra que es Berasit o Berasheth ¿significa en el principio (en el sentido de, en el inicio, en el comienzo), o significa Sabiduría (en la cual fueron creados el cielo y la tierra, etc.)?. y ¿cómo podría ser Dios infinito y absoluto, si hizo surgir a mundos y a criaturas de la nada, (lo cual querría decir), de algo que no Le es propio?. Y, ¿por qué explicable y aceptable razón –en vista de que la Humanidad ya tiene una Edad tan antigua- Dios no habría desencadenado inmediatamente Su plan de salvación, y solo apenas hace dos milenios (después de haber transcurrido incontables otros), vino a la tierra Su Hijo (recordemos que los menos de 4000 años de Judaísmo y los 2000 años de Cristianismo son una mínima fracción de la Historia de la Humanidad )?. Finalmente ¿por qué existen textos comogónicos y antropogenéticos mucho más antiguos que el Génesis y de los que éste es  un simple resumen más o menos confuso?.

El segundo Dios
ImageEl hecho es que existen dolor, limitación y fallos en el Universo. Por alguna buena razón, los gnósticos cristianos de hace cerca de dos milenios –desgraciadamente considerados como herejes por el Cristianismo distorsionado que luego triunfó- consideraban a Jehová como Demiurgo de un  mundo inferior, imperfecto, rechazando su identificación con el Padre celestial referido por Jesús y, menos todavía, como el Absoluto. Pretendían esos  gnósticos –como Simón, Marción, Valentino, Basílides y de alguna forma también el propio San Pablo- cortar la relación con el Jehová celoso y vengativo que aparece en tantas páginas del Antiguo Testamento. (Algunos gnósticos se referían a Ilda-Baoth como creador de nuestro globo físico, i.e., la Tierra , tal y como se puede ver en el Codex Nazarenus –el Evangelio de los Nazarenos y los Ebionitas- y lo identificaban con  Jehová. Ilda Baoth es el “hijo de las tinieblas”, en un sentido pésimo. Para más referencias, cfr. “Isis sin velo” y “ Glosario Teosófico”). Por herético que este concepto hoy pueda parecer, es difícil negar que encuentra acogida en el Evangelio según San Juán. Recordemos partes de su  1º Capítulo. “Al principio  era el Verbo, y el Verbo estaba  junto a Dios… El estaba al principio junto a Dios… Nadie vió jamás a Dios”. Por tanto, este Dios Supremo, que “nadie vió nunca”, no puede ser el Jehová visto y descrito en el Antiguo Testamento.
“¿Pronunció Jesús alguna vez el nombre de Jehová?. ¿Alguna vez se puso ante su Padre como ante ese juez severo y cruel; a su Dios de misericordia, amor y justicia, como al genio judío de la represalia? ¡Jamás!. Desde el día memorable en que predicó su Sermón de la Montaña , un inconmensurable vacío se abrió entre su Dios y aquella otra divinidad que fulminaba sus mandamientos desde otra montaña, el Sinaí” 8 9.
En cualquier caso, los filósofos más ilustrados siempre rechazaron identificar al Demiurgo con la Divinidad Suprema , y se ha hecho célebre la denominación que le fue dada por Filón: el segundo Dios.
El problema del mal antes mencionado ha perturbado a algunos de los más notables pensadores, como por ejemplo fue la preocupación de Leibnitz de intentar demostrar que Dios lo hizo todo de la manera más deseable, no pudiendo hacerse mejor.
Todavía el referido problema acabó por conducir a  algunos buscadores, incluso honestos,  de la Verdad a una posición de ateísmo (o al menos de agnosticismo).
La Ciencia Oculta reconoce la incompatibilidad entre el hecho de que exista un Universo sublime y extraordinariamente ordenado, aunque imperfecto, y la idea de que haya sido creado por Dios Absoluto. Sostiene, de hecho, que el Absoluto no podría concebir ni crear (por lo menos directamente) lo relativo y condicionado y, menos aún, algo externo a Sí mismo; la Creación a partir de la nada, supondría añadir algo al Absoluto, lo cual es insostenible. No obstante, el Ocultismo no es agnóstico y tampoco es ateo, excepto en el sentido de rechazar las concepciones antropomórficas de lo Divino.

Varias acepciones de divino
ImageEl Esoterismo asocia la idea de la Divinidad a tres niveles fundamentales, que indicamos a continuación de forma sucinta:
I) Un Principio Universal, Impersonal, Ilimitado, Innominado e Inefable, absoluto Ser y no-Ser (bien como Consciencia absoluta, y absoluta Inconsciencia de cualquier cosa ilimitada), porque su único atributo es El mismo. Es causa incausada, infinita y eterna; la Realidad Una y Absoluta, anterior y transcendente a todo lo que es manifestado y condicionado.
Estamos ante el Parabrahman (o, todavía, del Brahman Supremo, o Brahman Indiviso o Brahman Nirguna, esto es, sin atributos) de los vedantinos, o Ain Soph de los cabalistas, o Dios Supremo Ignoto de los antiguos griegos, o Dios Inmanifestado o Transcendente de la teosofía cristiana. En última instancia, sin embargo, el uso de la palabra “Dios” (y más atendiendo al sentido que se le da vulgarmente) es inequívoca. Aquello a lo que se alude aquí no es a El ‘Dios’  o a un Dios sino al Espacio Infinito  e Ilimitado, de donde todo surge, el Gran “Contenedor”, el Arik-Anpin (el nombre dado, en este sentido, al Universo por los cabalistas), aquello que es, fue y será, aunque todos los mundos existentes desaparezcan.
II) La 2ª proposición de la Doctrina Secreta se refiere a los “Universos innumerables manifestándose y desapareciendo… como el flujo y reflujo periódico de los mares”.
Tenemos, de este modo, a los Logoi Creadores que, emanando e irradiando de la Realidad Una y Manifiesta, se vuelven la Divinidad Manifestada e Inmanente de un Universo, desde el Ser Supremo del Cosmos total a los Logoi Solares o, más aún, a los Logoi Planetarios. Cada uno de estos seres puede ser considerado el Dios, o Brahman Inferior o el Brahman Saguna (esto es, con cualidades) o Ishvara de Su propio Universo, del cual es el Espíritu más elevado. Cada uno de estos Seres es el Demiurgo en la esfera de Su propio Cosmos
Mientras tanto, la referencia al Logos o Demiurgo, es también, una simplificación. El Logos es el más levado Jerarca de un sistema o Cosmos, es decir, el vértice superior de una Jerarquía, de una Legión, de un vasto conjunto de Creadores; el Demiurgo expresa una colectividad abstracta de Constructores.

    
ImageLa “Doctrina Secreta” admite un Logos, o un ‘Creador’ colectivo del Universo; un Demiurgo, en el mismo sentido en que se habla de un Arquitecto como ‘Creador’ de un edificio; aunque el Arquitecto no hubiera tocado ni una piedra siquiera, sino simplemente hubiera elaborado el plano, dejando  todo el trabajo manual al cuidado de los operarios. En nuestro caso fue el plano trazado por la Ideación del Universo, y la obra de construcción fue entregada a las Legiones de Fuerzas y Potestades inteligentes. Pero aquel Demiurgo no es una divinidad personal, esto es , un Dios extracósmico imperfecto, sino una colectividad de Dhyan Chohans y de las demás fuerzas”.
Esta era igualmente la concepción de Platón. Al referirse al Demiurgo no pensaba en uno o él Dios (aunque a veces, ciertas traducciones e interpretaciones, incapaces de apartarse de los preconceptos culturales y religiosos de hoy, parezcan hacer suponer que sí). En efecto, “Hay que sublimar el carácter politeísta del concepto de divinidad que Platón nos presenta en Timeu: la divinidad es participada por varios dioses, cada uno de los cuales tiene una función y campo propios, siendo el demiurgo tan solo su jefe jerárquico”; “No hay aquí señal alguna de monoteísmo: en la creencia en la divinidad está la creencia en los dioses: la divinidad es participada igualmente por un número indefinido de entes divinos. De los cuales los más elevados tienen en los astros sus cuerpos visibles (Leyes, 899-a-b)”.
La distinción entre lo Divino Inmanifestado y el surgimiento del Demiurgo en el plano de transición de lo Inmanifestado/Inmanifestado, justifican su ya referida designación como “Segundo Dios”, que “es la Sabiduría del Dios Supremo”.
El Demiurgo forma el Cosmos del Caos. Es el vértice que actúa en la Sustancia Pre-Cósmica (en la Raíz de la Sustancia , o Mulaprakriti, como la denominan los vedantinos) y que la activa, despertándola para la existencia  Cósmica. El Eterno Pensamiento Divino Absoluto, no Inmanifestado, se convierte en Ideación Cósmica, como el plano concreto para un Universo. La Mente Cósmica viene entonces a la existencia –pasa de la potencia al acto-, porque despiertan los Ah-Hi, los Dhyan Chohans, los dioses, las Potencias Creadoras, los Hijos Radiantes de la Aurora Manvantárica , las Estrellas que surgen de la Tinieblas Primordiales y que pasan a ser la sustancia y el continente de esa Mente Cósmica o Alma Universal o Sofía o Ennoia-Ofis o Binah.
Image“El Caos, según Platón y los pitagóricos, se volvió el ‘Alma del Mundo’. El ‘Primogénito’ de la Divinidad Suprema nació del Caos y de la Luz Primordial , el Sol Central. Ese ‘Primogénito’ no era, con todo, sino el agregado de la Legión de los Constructores, que las teogonías antiguas llamaban Antepasados, nacidos  del Abismo o Caos y del primer Punto”; “Las diferentes cosmogonías muestran que el Alma Universal era considerada por todas las naciones arcáicas como la Mente del Demiurgo creador; y que era llamada la Madre , Sofía o la Sabiduría femenina por los gnósticos; Sephira por los judíos, y Sarasvati o Vach por los hindúes, siendo el Espíritu Santo un principio femenino.”
El Universo está construído de acuerdo con los modelos de los Eide o Ideas a que se refería Platón, y de las cuales el Demiurgo –la colectividad de Inteligencias Espirituales que lo integran- se sirve para ordenar la Sustancia y transformar el Caos en Cosmos. Así el Demiurgo es el agente de las Leyes Divinas que rigen el Universo.

III) Cada uno de los Dhyani Chohans, Inteligencias Divinas, Potencias creadoras –o dioses, en otras palabras- que, como decimos, integran colectivamente el Demiurgo, el Logos, el Verbo Creador del Pensamiento Divino, colaborando en la construcción, sostenimiento y dirección de todo el universo objetivo, de cada una de sus formas, de cada uno de sus átomos. Así, todas las entidades, en su propio Plano de raíz divina –como dioses- integran una de las grandes Jerarquías Creadoras, en que las Mónadas Humanas, los Hombres Divinos, se incluyen. El Universo existe (o es) trans-temporalmente en el Pensamiento Divino, pero se va ejecutando en un largo devenir, a través del concurso de todas las unidades de vida divinas (las realidades  íntimas de todas las existencias) que van avanzando, en grados cada vez más elevados, por medio de la activación de su inteligencia creadora latente. Y todos somos corresponsables en volver más perfecto al Universo.
Los Dhyani-Chohans o Jerarquías Creadoras son mencionados en las tradiciones  más occidentales (y, sin mucho rigor, llamadas monoteístas) como Hijos de Dios, Hombres Primordiales, Elohim, Angeles (diferentes de los lamentables y abusivos tratamientos que se les ha dado en toda esa literatura tan vulgarizada últimamente) Arcángeles, Tronos, Virtudes Potestades, Dominaciones, Principados, Querubines, Serafines, Potencias, Degrados, Anuphain, Siete Espíritus delante del Trono, Ancianos, etc.

El Demiurgo y la Sustancia
ImageEl Ocultismo afirma la eternidad de la materia, o más bien de la Sustancia , o mejor todavía, del Espacio que es su matriz y esencia supersensible. “La materia es tan indestructible y eterna como el propio espíritu inmortal, aunque (…) no como formas organizadas”.“¿Cuál es la única cosa eterna en el Universo, independiente de otras cosas? El Espacio. ¿Qué cosas son coexistentes con el espacio? (I) La duración. (II) La materia. (III) El movimiento, porque éste es la vida imperecedera (consciente o inconsciente, según el caso) de la materia, incluso durante el Pralaya. Debe de destacarse, pues, que para el Ocultismo, no existe tal cosa como la Materia Muerta. La Vida Una y Omnipresente “… no sólo penetra sino que  es la esencia de cada átomo de la Materia ; y, por tanto, apenas tiene correspondencia con la Materia aunque posea también todas sus propiedades…” . Como también ya hemos referido innumerables veces, en la concepción Esotérica, la Materia no es apenas la Sustancia física que nuestros sentidos aprehenden y que las ciencias experimentales estudian, puesto que existen niveles de sustancialidad inménsamente más sutiles, en una jerarquía septenaria de Planos. Existe, por ejemplo, sustancia o materia del Plano Mental… y en otros aún más elevados, habitualmente llamados Espirituales (en todos los planos existen los dos polos, Espíritu y Materia interrelacionados, aunque en diferentes condiciones y peso relativo). Lo que al final la Ciencia Oculta afirma es que nada está desprovisto de sustancia, que todo tiene, necesariamente, un substratum ontológico, y que el Ser, en el nivel primero del Cosmos, es la Esencia Una tanto del polo Espíritu, como del polo Materia.
Así el Demiurgo forma el Universo a partir de una materia prima ya existente, por eterna, pues la llamada  creación ex nihil (a partir de la nada) no tiene sentido, porque nada puede ser nada, porque la nada no puede existir, excepto si diéramos a la palabra nada el sentido “sin atributos”. En los niveles inferiores de la existencia universal la materia es más densa, y las Ideas, de acuerdo con las cuales los mundos son formados y evolucionan, se manifiestan menos cristalinamente y también son menos elevadas y perfectas las Potencias Creadoras operantes. Como ya refiriera Platón en el “Timeu” (su principal obra cosmogónica), el Demiurgo no es omnipotente: produce el Cosmos tan bien “como le es posible” y tiene que conformarse con los efectos contrarios de la “necesidad” condicionada y de la necesidad kármica.

La importancia de la Cosmogénesis Ocultista
ImageAunque haya quien pueda entender árido e inútil el abordar las cuestiones más sutiles y profundas de la Cosmogénesis , su comprensión  tiene implicaciones  incontrovertibles en los paradigmas culturales, científicos, religiosos vigentes y que condicionan el mundo.
Por ejemplo: la clara noción de una Ser-idad (Be-ness en expresión de H. Blavatsky), como Principio Absoluto Increado e Increador (de cualquier cosa  relativa) y, de manera diferente, del Logos o Demiurgo, como “agregado colectivo de todas las inteligencias espirituales creadoras”, aunque no absolutas ni perfectas, (por lo que se manifiestan en el espacio y en el tiempo relativos, evolucionando hacia niveles cada vez más amplios y elevados 26), permite encarar el ya referido –y dramático- “problema del mal”; vuelve evidente la realidad de la justicia en el Universo, ya que depende del querer colectivo de todos los Hijos del Divino; responde satisfactoria y plenamente a la pregunta de los científicos: “Si el Universo es obra de un Dios Perfecto y Omnipotente, ¿cómo es que la Naturaleza parece revelar intentos y errores, o sea, tentativas fallidas?” (Ver, a modo de ejemplo, “Cosmos” de C. Sagan); pone término a las preguntas “¿Dios existe?”, “¿Creo en Dios o no?” y “Si Dios creó todo, quién o qué creó a Dios?”, porque la respuesta sería evidente y las preguntas inoportunas y sin sentido: El Ser (el Espacio en el sentido más radical y profundo) es eterno y necesario.